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Viernes, 01 Diciembre 2017 07:38

Moreno Valle Rosas sí será presidente… del Senado

Ni tan ruso, ni tan grande...

Reducido a su realidad, la de un operador mediano, un político que no tiene empatía con la gente y un líder sin verdadera legitimidad ni seguidores genuinos, Rafael Moreno Valle Rosas ha fracaso, por segunda vez en su carrera, en una contienda interna, esta vez por la candidatura presidencial del Partido Acción Nacional (PAN), a pesar de que presume que nunca ha perdido.

La primera vez que el ex gobernador de Puebla se vio abrumadoramente orillado al fracaso fue en 2005, cuando Mario Plutarco Marín Torres sepultó su intento de ser el candidato del Partido Revolucionario Institucional (PRI) a Casa Puebla, aspiración que alimentó el ex mandatario Melquiades Morales Flores.

Los escándalos y excesos del góber precioso le permitieron al hoy panista luego recomponerse y construir, desde AN su llegada a la gubernatura, luego de un breve paso por el Senado de la República, a donde finalmente regresará el 1 de septiembre de 2018.

Decenas de voces de quienes en aquellos tiempos participaron de las mieles del poder del marinismo suelen confirmar que el triunfo de Moreno Valle Rosas en el proceso de 2010 estuvo siempre acompañado y apuntalado por Mario Plutarco, quien entregó la plaza en pago y para no recibir el castigo que merecía por el tan referido caso Lydia Cacho.
Rafael ha sido un tipo con suerte y un ingenioso simulador. Eso sí, también un hombre audaz que ha sabido aprovechar las circunstancias, pero que ahora con una ignominiosa derrota debe verse al espejo que le escupe la realidad a la cara: no es ni tan rudo -como dijo este jueves el casi seguro candidato priísta a la gubernatura, Enrique Doger, en entrevista con e-consulta- ni tan grande como él supone en su desbordada megalomanía.

Sí, es un político con cualidades, pero no es el gran “reformador y transformador” que el país clama.
El supuesto de que con sus “capacidades de estadista y administrador de excelencia” cambió diametralmente a Puebla, ni siquiera se la compraron los panistas de otros estados, ni el derroche de dinero en su campaña, pues su lugar siempre fue el último en la contienda por la candidatura del PAN, que será seguramente para Ricardo Anaya, con o sin Frente Ciudadano por México, y estará condenada al naufragio.

Rafael Moreno Valle Rosas no es tan enorme como supone y sí, en cambio, tan mediano como su incapacidad de autocrítica no le deja ver.
Una vez que ha decidido, como se comenta, dejar su infructuoso intento de llegar a la candidatura a Los Pinos y, una vez que su amigo José Antonio Meade Kuribreña ha sido ungido virtual candidato del Partido Revolucionario Institucional (PRI), el camino del poblano toma otra ruta.

Sería pecar de ingenuidad negar que apoyará al ex secretario de Hacienda y Crédito Público; por supuesto que lo hará.

El ex inquilino de Casa Puebla ahora se concentrará en hacer ganar a su esposa, Martha Érika Alonso Hidalgo, en la contienda por la gubernatura en 2018, a la vez que será el operador del PRI y Meade dentro del PAN, el perfecto esquirol.

También seguramente negociará con Anaya y su grupo el primer lugar -o de los primeros- en la Lista Nacional al Senado, para que, una vez que comience el próximo sexenio, que por supuesto no gobernará un panista, pueda convertirse en el coordinador de la bancada de AN y ser, en alguno o en dos de los seis años que dure su encargo senatorial, el presidente de la Cámara alta.

Desde esa posición, podrá reintentar de nuevo una aspiración presidencial, aprovechando la exposición mediática nacional y el codeo con el poder en todas sus dimensiones, desde los sótanos hasta las nubes.
Sí, finalmente Rafael será presidente, pero no habitará en la Avenida Chivatito, sino que despachará en el edificio de la intersección de las avenidas Reforma e Insurgentes.

Álvaro Ramírez Velasco

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