Images
Jueves, 13 Julio 2017 14:22

El amor, el amor…por el presidente

El presidente que aman y el que nadie pela

Dentro de todas las figuras públicas que rondan en la política internacional, debemos aceptar que el rey de reyes es Justin Trudeau, quien parece que ha conquistado al mundo con su dulce mirada, irresistible carisma y perfecta sonrisa.

Me parece un ejemplo de lo que yo desearía ver en el presidente de mi país; para mí lo ideal sería que el Ejecutivo fuera una muestra de los mejores ejemplares que poseen estas tierras mexicas de maíz y cacao. Y sí, claro que tiene que ver que Trudeau me llena la pupila al cumplir con los prototipos estéticos que mi latina genética me ha heredado, que mide por lo menos 10 centímetros más que yo, cualidad difícil de encontrar entre mis compatriotas camoteros, y que sabe bien cómo sonreír ante las cámaras para parecer capacitado y accesible al mismo tiempo. Si alguien conoce datos de que Justin toma clases de actuación para ser tan bello públicamente, por favor, nunca me lo diga, Amo creer que así nació.

No vayan a pensar que me niego a aceptar que nuestro querido Enrique Peña Nieto inició su mandato rebozante de guapura, por que sabemos que eso le valió muchos votos de mujeres calenturientas como yo, aunque yo no voté por él, pero si hubiera sido Trudeau…Perdón, me desvío del tema.

Acepto que ese patrón se trató de implementar en nuestro mandatario priísta ¿porqué no lo veo de la misma manera? ¿Será que en el fondo son megamalichista? ¿Será que en realidad siento desdén por esta raza de cobre que surge de los volcanes hacia el alba bajo los cantos del cenzontle y el aullido de los saraguatos?

O talvez la diferencia sea esta delgada pero significativa línea: Justin Trudeau ganó las elecciones por MAYORÍA ABSOLUTA. ¿Qué demonios significa eso?

¿O sea que no ganó por un miserable margen de 2% de votos? ¿Es eso acaso posible?

Ese es el fundamento de mi crush por Trudeau: es un verdadero líder, no un figurín impuesto por las más altas cabecillas de la oligocracia populista.

Todo lo que hace está tan bien pensado que llega a ser inspirador. No lleva ni Atenco ni Tlatlaya, ni Ayotzinapa a cuestas, en cambio lleva un tatuaje que se hizo en su cumpleaños número 40 en unos bíceps tonificados por la práctica del boxeo, canotaje, yoga y rugby, de los que comparte fotografías como el ciudadano que es en redes sociales. Que nos alborote a todas la hormona, ya es una consecuencia inevitable.

Sí quiero ver a nuestro próximo presidente con ojitos de borrego a medio morir, como la carita que le puso Angela Merkel a este Adonis de la democracia, quiero sentirme orgullosa de pronunciar su nombre y de que lleve el escudo mexicano a cada cumbre, reunión o viaje diplomático por el mundo. Quiero decir: ese papacito, es mi presidente, y les parezca guapo o no, es un verdadero chingón.

Información adicional

  • twitter: @Amarantalks
Visto 203 veces Modificado por última vez en Jueves, 13 Julio 2017 14:33