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Jueves, 28 Septiembre 2017 21:02

Con un poco de ayuda de mis amigos

Cuando la tierra nos recuerda que sólo somos un piquete de mosquito en el sarampión del universo

El 2017 nos recibió a catorrazos y parece ser que lo vamos a despedir de la misma manera. Desde los primeros días del año presenciamos saqueos, violencia desenfrenada, protestas en Venezuela, amenazas de bomba hacia Corea del Norte. Más tarde, huracanes feroces, atentados en Europa, amenaza de bomba hacia EEUU, un número altísimo de feminicidios, Mara Castilla, amenaza de erupción de volcán en Bali, corrupción en todos los rangos habidos y por haber de la política internacional (lo normal, aparentemente), Trump y como si hiciera falta, una cadena de terremotos que ha dejado miles de damnificados y cientos de fallecidos.

Es el prólogo de una novela apocalíptica o es la vida obligándonos a comprometernos con ella. En cualquiera de los dos casos, sólo tenemos una alternativa: ACTUAR.

Las acciones ciudadanas como las que se tomaron ante la catástrofe en Ciudad de México, Puebla, Morelos, Oaxaca, Chiapas, Texas, Puerto Rico, Cuba, Florida… dan muestra de la fortaleza humana ante la crisis, de la capacidad de organización y supervivencia que, afortunadamente, tantas horas dedicadas al entretenimiento superficial y ególatra aún no nos arrebata.

Quizás como mexicanos estamos acostumbrados a que estos sucesos tengan lugar lejos de nosotros, a verlos en las noticias mientras nos empujamos una cemita de El Carmen con un chingo de quesillo y negamos con la cabeza antes de cambiarle a Laura en América, si es que eso aún existe; pero ahora que nos movieron el tapete a todos no nos queda otra opción que meter las manos.

A los poblanos nos pasó todo en menos de ocho días. La tragedia de Mara Castilla nos lanzó a las calles a pedir justicia y seguridad, nos hizo llorar de coraje, de impotencia, de terror. Nos hizo voltear a ver a nuestras niñas y mujeres por unos instantes y darnos cuenta de cuanto tiempo nos hemos tapado los ojos ante la gravedad de la violencia de género en el estado.

En esos mismos días, el primer sismo fuerte deja numerosas afectaciones en Chiapas y Oaxaca, dos de los estados más vulnerables de la República Mexicana quienes tuvieron que enfrentar derrumbes, temblores e inundaciones simultáneamente.

Apenas nos estábamos recuperando cuando la tierra nos quiso recordar que sólo somos un piquete de mosquito en el sarampión del universo y que nuestra efímera existencia sólo es valiosa si logramos aportar algo a la humanidad. Ese temblor, magníficamente programado para la fecha conmemorativa del terremoto del 85, que dejó un saldo incalculable de muertes, una grieta en la historia mexicana y una tremenda muestra de hermandad entre compatriotas y foráneos, nos hizo encender de nuevo el grácil fuego del nacionalismo que aún no matan el narco ni el abuso de los gobernantes.

Ese zumbido ignorado nos quiere gritar que volvamos a ver la Patria, el águila sobre la serpiente en la tierra prometida que ya tenemos, pero que despedazamos sin escrúpulos diariamente.

Cada ser humano que usó sus recursos, muchos o pocos, su tiempo y su atención para contener a nuestro país y abrazarlo con el corazón en estos momentos que tanto nos necesitamos, ha hecho valer su existencia en este tiempo.

Gracias a todos ustedes.

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  • twitter: @Amarantalks
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