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Domingo, 08 Abril 2018 20:29

La última carta: El PRI declina a favor del PAN

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Panorama complicado y una luz para el cuestionado partido del presidente

Los partidos y candidatos en campañas electorales, cuentan con un recurso final (y optativo), más de carácter simbólico que  legal, que les permiten seguir en el juego político: la declinación de su candidatura por el competidor que encabeza las preferencias o que se encuentra en posibilidad de disputar el triunfo.

Una declinación es una declaración pública a los militantes y simpatizantes, usualmente en días previos al término legal de las campañas, en la que una fuerza política y el candidato llama a votar por su contendiente que se encuentra mejor posicionado y/o con posibilidades de triunfo. Este anuncio lo antecede una negociación para el político o el grupo que lo sostiene, en el que se adoptan las propuestas de campaña en ciertos temas y eventualmente se ofrecen posiciones de gobierno, en caso que el triunfo los favorezca. Los votos no se transfieren de un partido a otro, ya que la legislación no lo permite, es más bien una acción en la que se deja a los electores de manera individual, cambiar el sentido de su voto como lo solicita el candidato por el que originalmente se inclinaban a votar.

Este es el último recurso que tiene el PRI para intentar recomponer el desastre electoral que se avecina para ellos, como lo señala “Oráculus“, agregación de encuestas o poll of polls, una iniciativa que encabezan académicos quienes semanalmente dan seguimiento a las principales encuestas públicas y mediante una metodología que ellos han construido presentan estadísticas, hasta el momento indican el primer lugar de las preferencias del candidato de MORENA, PT y PES, Andrés Manuel López Obrador; colocan en segundo lugar al candidato del PAN, PRD y MC, Ricardo Anaya Cortés; y muy cerca de este, al candidato el PRI, PVEM y NA, José Antonio Meade Kuribreña.

Legalmente las campañas presidenciales ya iniciaron, por supuesto que las tendencias pueden variar, el triunfo de Andrés Manuel López Obrador no es inexorable; de hecho las campañas tienen el objetivo de convencer a electores indecisos, señalar errores de los oponentes, exhibir mentiras o “secretos” de la oposición. En las elecciones de 2006 vimos un escenario similar.

Sin embargo, el contexto nacional, una alta desaprobación del Presidente Peña, la actual situación de violencia y la incertidumbre por las acciones y declaraciones del Presidente de los EEUU, Donald Trump con respecto a las negociaciones del TLCAN y las relaciones con nuestro país hacen que el panorama luzca complicado y que las tendencias difícilmente puedan presentar cambios radicales. Conforme avanza el tiempo y las campañas, la fragmentación del voto favorece a quien encabeza las preferencias.

Desde las elecciones de 2006,  pasando por las anteriores de 2012, los resultados de los comicios presidenciales demostraron que no pueden cohabitar dos fuerzas políticas con principios y programas similares. PRI y PAN comparten la misma visión económica neoliberal, la visión político-legal del uso de la fuerza para contener la violencia y la centralización del poder; entre otras características. Esta unión se remonta a 1988. Hoy se disputan el mismo mercado electoral y junto con el desgaste del poder presidencial y sus acciones, han impulsado las propuestas y figura del candidato de MORENA. En la Ciudad de México, dado que la candidata a Jefa de Gobierno es Alejandra Barrales, integrante del PRD, por acuerdo de la coalición “Por México al Frente”, el PAN cedió ese espacio. El candidato del PRI, Mikel Arreola, declara su rechazo al matrimonio gay y quiere a los militares en las calles de la capital. Claramente busca el voto de los electores que dejó Acción Nacional.

La última carta que el PRI puede jugarse es la declinación hacia al PAN: se encuentra rezagado en las preferencias electorales y con una alta tasa de rechazo. Solo con este hecho y la suma de estructuras, líneas discursivas, organizaciones afines, movilización electoral conjunta; ambos partidos podrían entrar al terreno de competencia real. El tiempo es su principal enemigo, tendría que concretarse al final de mes. ¿Los agravios públicos y privados? ¿La embestida mediática institucional de la PGR a Ricardo Anaya? ¿Las declaraciones de persecución judicial al Presidente del candidato del PAN? Pues se zanjarían en aras de un fin supremo.

Este gran acuerdo implicaría también una complicada negociación, en la que ambos institutos políticos se repartirían curules para el Congreso General,  probablemente las gubernaturas (Chiapas, Guanajuato, Jalisco, Morelos, Puebla, Tabasco, Veracruz, Yucatán y la Ciudad de México) como bastiones político-electorales y Ayuntamientos de ciudades importantes.

Por supuesto que esta decisión impactaría la vida del país, el sistema de partidos tal y como lo conocemos hoy, se modificaría radicalmente. Ya sea que lleven a cabo esta medida, triunfen o no, los partidos involucrados tendrían que realizar profundos cambios al interior. No se puede descartar la fusión ambos institutos políticos. PRD, MC, PVEM y NA no tendrían mucho margen de maniobra y pondrían en juego su sobrevivencia.

Esta es, a mi consideración, la última posibilidad del PRI para  ingresar a la competencia real e contar con la posibilidad de ganar la presidencia. El costo sería muy alto. Y el costo de la derrota lo sería todavía más.

La respuesta del electorado ante una decisión de esta magnitud, inédita y de amplios alcances, sería todo un enigma.

 

Hervey Rivera