Lunes, 26 Marzo 2018 09:34

El fracaso pacificador del PAN en Veracruz

  • twitter: @Olmosarcos

Transexenalidad buscada para ocultar las omisiones del poder Yunista

Tras la turbulencia del cierre del sexenio de Javier Duarte, gran parte de los veracruzanos esperaban que el gobierno que encabeza Miguel Ángel Yunes Linares, pacificara la entidad y cumpliera sus promesas en materia de seguridad y economía. 

Para muchos también, el anhelo de tranquilidad para sus familias comenzaba por un gobierno que detuviera las guerrillas, que fuera una oposición firme ante lo escandaloso del gobierno federal y su decadencia, mientras esperaban que eliminara aquellas estructuras que vivían anclando al estado al fondo del abismo, succionando recursos, esfuerzos, siendo ocupadas con ánimo electoral.
Nada de esto ha pasado.

El régimen de Yunes Linares, primero se ha ocupado en instalar un proyecto transexenal que le daría hasta 14 años en el Gobierno del Estado mediante sus hijos. Este mismo grupo, se ha ocupado en hacer alianzas ominosas e insulsas para controlar zonas donde la influencia del panismo cayó, recogiendo perfiles cercanos al exgobernador Duarte, con la Fiscalía como su brazo armado, calendarizando detenciones, criminalizando muertos y desoyendo a quienes les exigen.

El fracaso de la administración Yunista también se puede leer en que no ha sabido gobernar con la oposición sino la puede doblegar. Los eventos de presidencia se han vuelto el escaparate idóneo para que Yunes y su gobierno fustiguen a sus enemigos políticos y también el espacio ideal para mostrar el músculo policiaco y reprimir salvajemente, desoír de forma vil y arrinconar la voz del tigre veracruzano, cansado de los golpes nocturnos y la violencia desmedida.

Episodios de Yunes y el fracaso panista, hacen recordar el Duartismo en su época de máximo esplendor. Así vimos al ex gobernador deteniendo y privando de libertad a manifestantes como ocurriera en la antesala de los Juegos Centroamericanos, o haciendo señalamientos contra la prensa por ‘exagerar’ en la vulnerabilidad de los reporteros y periodistas entre números rojos y sangre que brota de las letras.

También, como Duarte, se ha ocupado en hacer del legislativo su oficina de quejas y sugerencias con perfiles sumisos de juniors y mirreyes, que no tienen que decir más que SÍ, a las peticiones del mandatario en turno.

Y bueno, ni que decir de la promesa de pacificación en materia de seguridad que le tomaría solo seis meses al presumido experto en la materia, no hay nada más alejado de la realidad con las tasas de homicidios, secuestros y ejecuciones más altas que haya visto nunca la entidad.

Ante el próximo proceso electoral, habría que exigirle a los candidatos, a los partidos y sus dirigentes, detener de una vez por todas la encarnizada ofensiva por el poder y saber leer lo que el ciudadano les reclama. Después del legado del PRI, muy poco cambio se aprecia del intento panista de re impulsar la entidad. La palabra fracaso ronda por los pasillos del Palacio de Gobierno de Xalapa, y ya es inmensa la cantidad de gente que quiere despertar nuevamente el tigre que sacó Duarte, para dar otro golpe de autoridad.

 

Jesús Olmos