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Lunes, 23 Abril 2018 02:46

AMLO y el debate

  • twitter: @Olmosarcos

Pese a una pobre exhibición, el tabasqueño acapara casi todo, la madrugada del debate

La tendencia de las tendencias del Debate Presidencial de este domingo, marca que es Andrés Manuel López Obrador, el que lideró las menciones en el propio ejercicio, en redes sociales y en el post debate.

López Obrador colocó 8 tendencias con su nombre, siglas o apellido entre las primeras 20 a nivel nacional antes, durante y después, tuvo 57 menciones en el debate presidencial: 21 en el primer segmento, 16 en el segundo y 20 en el tercero. En 19 ocasiones fue mencionado por Meade y Anaya lo mencionó en 18 ocasiones.

Con una actuación que raya en la mediocridad, repitiendo el sermón de cada mitin y cada spot desde hace varios años, AMLO se plantó con la expectativa de NO perder y lo consiguió. No fue el que peor se vio, aunque se vio mal, no fue el que más propuso, pero insistió en sus temas, no fue el que dio los mejores golpes, pero sustentó su crítica al actual régimen con el escándalo de Odebrecht que otorgó 10mdp a su último contrincante directo por la presidencia que se convirtió en presidente ‘haiga sido como haiga sido’.

Tal cantidad de interacciones, despertaron a los bandos defensores de lo indefendible y los haters, dos sectas bien marcadas, insolubles, sustentados en una sola cosa, su amplísima intolerancia.

AMLO puede caernos bien o mal como político, se pueden respaldar o no sus propuestas, pero en términos de opinión pública, quizá sea individuo que más ha sido blanco de todo tipo de investigaciones, ataques y señalamientos a nivel nacional e internacional en los últimos 12 años. Ahora que se muestra, más como el líder de un Movimiento Social que, cómo el aspirante a la presidencia, su pausado hablar delimita en mayor medida posible la amplitud de las ideologías que ahora encabeza. Dicen quienes le han cubierto de cerca que ya no busca la presidencia, sino inscribir su nombre en la historia. Impone agenda y delimita la conversación, fue Omega, hoy es Alpha y es imposible no abordar su opinión.

Sin embargo, entre quienes les critican, existen ideas bien alimentadas de un vasto desconocimiento de información objetiva, excesiva exposición a medios de comunicación masiva con líneas editoriales comprometidas y también del acaparamiento del discurso por parte del propio candidato, lo que obliga a sus interlocutores a interpretarlo en cada nueva intervención en su nombre.

No es defender al tabasqueño, es hablar objetivamente de que en términos de opinión pública la exposición en carácter negativo destrona en un 4 a 1, los cotos informativos en positivo del aspirante de Morena. También es hablar de la presencia de un prejuicio clasista y elitista. Del encumbrado ‘rechazo a que un sujeto de un origen, relativamente humilde, que no estudió en universidades del extranjero, acceda a un espacio de poder reservado para las élites’. Hablar de la xenofobia a ser representados por un hombre de rasgos mexicanos sin la parafernalia de un presidente de los tiempos de Macron y Trudeau. También es hablar del rechazo al acento étnico del sureste, con todo y sus acepciones históricas.

Hay que hablar de Andrés Manuel como es, sin cegarse en odios ni amores, hay que hablar de él, no soñándolo como el mejor alcalde del mundo, pero tampoco insistir erróneamente que salió de la jefatura de Gobierno de la Ciudad de México indagado por desvíos multimillonarios o escándalos de un patrimonio inexplicable. López Obrador no es popular al nivel de Putín puesto que no tiene una aceptación que supere el 50%, pero tampoco tiene el repudio del 79/85% de la población que maneja actualmente Peña Nieto.

Tampoco es decir que quienes lo tachan de mesiánico, a veces hasta intolerante o los que citan a grandes medios internacionales que alertan sobre algunas de sus propuestas están en contrasentido al desarrollo de un país como México. A AMLO hay que criticarlo y exigirlo como a todos los candidatos, pero sin sesgos, ni trampas.

Estamos en el 2018, ya hay contienda y otro desbalance no podemos permitírnoslo.