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Miércoles, 02 Mayo 2018 23:37

El ocaso de Ochoa Reza

  • twitter: @Olmosarcos

Un caso de lo irritante a lo irrisorio que fácilmente se volvió un lastre

Fue el 12 julio de 2016 el día en que Enrique Ochoa Reza llegó al PRI como presidente del Comité Ejecutivo Nacional. Impuesto, traía vientos de cambio, un discurso lleno de palabras agresivas con una dosis alta de incongruencia, además de una actitud divergente con lo más profundo del priismo.   

Ajeno a los principios, vulnerados, pero existentes en el Revolucionario Institucional, llegó como se va, siendo un completo desconocido para las bases, navegando en una campaña sin eje que se derrumba entre las imposiciones del presidente y las malas decisiones en el sentido, el discurso, el objetivo y los cómos en el rumbo.

Ochoa Reza, aquel del hedor a corrupción (http://www.parabolica.mx/2017/columnas/mi-villano-favorito/item/2826), se fue hundiendo poco a poco, primero excluido, luego enfriado y finalmente ignorado hasta morir como el pez, por su propia boca.

El dirigente priista pasó de ser una revelación para muchos, a ser un caso que se dividía entre lo irritante y lo irrisorio (http://parabolica.mx/2017/columnas/mi-villano-favorito/item/113), para acabar siendo un lastre para el PRI, pero principalmente, para José Antonio Meade.

Ochoa, aquel de la idea de llamar ‘López’ al principal opositor, fácilmente se posicionó como un punto discordante con el perfil sencillo y humano que cuentan que posee el candidato priista. Tras aquel mensaje a los ‘prietos’, dejó de aparecer en espacios televisivos para ceder su lugar a Nuño, a Lozano y a otros actores de menor tamaño pese a ser ‘el jefe’. Dejó de asistir a debates, frenó su intento por obtener el protagonismo de Tatiana, fue relegado en espacios televisivos y desapareció de la opinión pública con respecto al tamaño de lo que se preciaba de representar.

El líder priista más entrón y más soso que me ha tocado ver, deberá dejar atrás los tiempos en los que acudía al Tribunal Electoral a presionar para obtener en la mesa el triunfo que no pudo darle la urna, Ochoa deberá olvidar aquellos tiempos de enviar aclaratorios a periodistas para eximirse de responsabilidades intrínsecas y también, quizá, habrá aprendido que para criticar el patio ajeno hay que mantener limpio el propio.

Se va Ochoa Reza, el mismo del finiquito millonario que la prensa denunció y que unos meses después fue devuelto, el mismo que simulaba contratos para beneficiar a sus amigos al frente de la CFE, el mismo que pedía ‘cárcel para los corruptos’ siempre y cuando no fueran los que siguen despachando al amparo de su partido, el mismo dirigente que mandó al diablo a 15 millones de mexicanos por no pensar como él o ese mismo hombre que le gustaba jugar con el color de piel con la misma excentricidad con que jugaba al golf, el hombre que era pillado viajando en jet privado a todo lujo, mientras se hospedaba en su mansión multimillonaria que construyó en una zona que arde en violencia.

Este es solo un aviso que proviene del profundo rechazo que genera la marca tricolor, pronto también Claudia Ruiz, el propio Aurelio Nuño, Javier Lozano o hasta Meade Kuribreña, pagarán las consecuencias del sitio que como grupo político del presidente ocupan en las encuestas. El priismo se desmorona, y lo que quede, enfrentará un nuevo proceso como en aquellos 12 años (2000-2012) en los que alejados del poder construirán un entramado de complicidades que les vuelvan a dejar jugosas ganancias mientras les cobran costosas facturas.