Martes, 08 Mayo 2018 21:49

Los insalubres frentes de campaña II: Veracruz

  • twitter: @Olmosarcos

Incendio en el basurero donde la clase política recorre zopiloteando

Es un hecho, las campañas ya son un chiquero. Desde que la Procuraduría General de la República intervino en contra de un candidato con alevosía y ventaja, quedó formalmente inaugurada la marrullería, la trampa, el engaño y sobre todo la histeria.

El escenario nacional, se replica en cada uno de los estados, en la primera entrega hablamos de Jalisco y el desdoble de diversas estrategias con un ápice de esperanza en el discurso natural de Kumamoto. Pero hay estados donde no hay nada de eso, donde nadie tiene en la mente sacar la bandera blanca por los ciudadanos.

Tras la salida de Javier Duarte y la llegada de Miguel Ángel Yunes, Veracruz se polarizó casi al extremo mientras se creaban nuevos cotos de poder y se acomodaban los viejos.

Fue solo una sustitución, no se rompieron las cadenas a las que estaban atados los eslabones de poder político, social y económico, no hubo un recambio que viniera a generar nuevas condiciones. A quienes se alinearon al nuevo gobierno se les dio impunidad y paz, a quienes no, se les iniciaron procedimientos desde una fiscalía carnala del gobernador, que calendarizó los golpes para mermar en la opinión pública el impacto de los escándalos internos y que buscó aminorar en medida de lo posible el incumplimiento de la más osada promesa de campaña, apagar el fuego de la violencia en el territorio costero de Veracruz.

En este escenario llega el proyecto transexenal de la familia Yunes, los azules, quienes se apoderaron de dos partidos, PAN y PRD, para utilizarlos como su franquicia política metiendo en la coladera ideológica a ex miembros de la mafia fidelduartista, funcionarios de la impunidad rampante y administradores de la opacidad que se mantiene fiel al mismo instinto: el poder del dinero. Bajo varios lemas de gobierno: no hacer ni dejar hacer, amedrentar hasta coaccionar, injuriar y difamar, que algo quedará.

Yunes Linares, un gobernador que no deja gobernar a la posición, promocionando bajo el amparo de su legalidad al primogénito, cuyo mérito es haber sido paciente y a quien el relumbrón y la mirada perdida en los temas torales le benefició navegando por varios años con la bandera de la ignominia. Ahora se presenta como la cara del futuro de Veracruz, un futuro con alta carga de deudas del pasado, un futuro hueco de promesas al vacío y que privilegia la campaña negra antes que el cumplimiento del ánimo demócrata en el compromiso adquirido.

También, el otro Yunes, el rojo, es un Duartista bajo el clóset que evoca la nostalgia de un tiempo donde la plenitud del poder público era la constante y se arrasaba por decreto del gobernante en turno.

Desde ahí también se evoca a la guerra sucia, las encuestas inventadas, la polarización, la reproducción de los mensajes del miedo, el doble discurso, el olvido de lo inconveniente, la justificación de la injusticia y se busca omitir en un recuadro pequeño, la ignominia de la marca PRI.

En la opción relativamente nueva, mucho discurso de odio, mucha duda, mucha perspicacia, poca sustancia, un ADN opositor con negatividad andante y también mucho ruido sobre vínculos económicos con la duartefidelidad. Refugio de autoexiliados, casa de abandono de la ideología, entre la metralla un partido que devuelve bombas y que se ampara en que la figura de un redentor atraiga todos los votos que no han podido conseguir por su claridad desde que les dieron la opción en ciudades importantes de ser gobierno.

Hay lugares donde brilla un poco el sol al amanecer y otros, donde se mantienen las ventanas cerradas a la espera de una verdadera democracia que actúe en favor de quienes son las verdaderas víctimas de tanta porquería: los ciudadanos.