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Jueves, 24 Mayo 2018 20:01

Exigencia, el único rasgo de unidad

  • twitter: @Olmosarcos_

Salvajes redes sociales y su polaridad electoral

Lo han dicho analistas, especialistas y comunicadores, lo decimos todos o la mayoría de los usuarios de redes sociales, que a poco menos de 40 días de las elecciones, el panorama del discurso está totalmente polarizado.  

Es insufrible mirar las largas charlas en las redes sociales donde unos buscan exhibir a los otros y todos quieren denostar al que se les ponga enfrente. Lo hacen por defender al candidato, al proyecto o al partido, la propuesta, una ideología. Y es válido, siempre y cuando no rebase la barrera del respeto, de la tolerancia y no vulnere la dignidad de nadie.  

Memes, links, imágenes, todas con su respectivo sentido del humor, con algún improperio y otras tantas con insultos o degradaciones, recorren por miles las redes sociales y se vuelven el centro de debates entre desconocidos.

También amigos, conocidos y familias, se ofenden los unos a los otros en aras de tener la razón y sobre todo de conseguir que su candidato triunfe, como una afrenta personal, más que como una contienda democrática de política de altura.

Entre todo este mar de intransigencia y de diatriba, resulta llamativa la única coincidencia perceptible en el tono, la constancia de las publicaciones y la intensidad con que se discurre: la exigencia por mejorar las cosas.

Dentro de lo desfavorable que será tener un gobierno tan ampliamente criticado (no se prevé un triunfo con márgenes superiores al 50% llegue quien llegue), sería oportuno para cualquiera de los que resulten ganadores saber entender el encono social y considerarlo para que sea un contrapeso y no un obstáculo de gobernanza.

Los ciudadanos con todo y su nueva forma de participar y de conocer las distintas ofertas políticas, están demandando cada vez más cercanía de los políticos, al mismo tiempo que trabajo, propuestas concretas, respuestas y no la indolencia o la omisión a los temas que interesan.

Para los gobiernos fueron incómodas las protestas de los estudiantes en 1968 y 1972, y todos sabemos en que terminó, luego vino la revuelta electoral de 1988 que estuvo a punto de hacer estallar un serio conflicto post electoral y en este 2018, más que un cambio político, los ciudadanos ya demostraron la existencia de un cambio de chip social redireccionado a alienarse del gobierno, mientras se le exige efectividad.

Para el nuevo gobierno, una sociedad exigente, que salga a las calles, que se manifieste con hastags o que reproduzca millones de veces videos compartidos en Facebook e Instagram, no debería ser visto nunca más como una pérdida de tiempo, como un ejercicio inservible, sino como una oportunidad de avanzar hacia una nueva forma de gobernar.

Preocupa el desprecio por la sociedad civil de AMLO, preocupa también la insensibilidad de Anaya ante la persecución de los gobiernos panistas y preocupa mucho también que en la agenda de Meade estén las víctimas cuando está rodeado de tantos victimarios.

La tercia de los principales candidatos no ha entendido el grito, el cansancio, el dolor de las víctimas.

No se debe desestimar la intensidad con la que las redes le han dado otra dimensión al escrutinio de la clase política, tampoco se debe echar por la borda el interés que ha despertado en los ciudadanos el discurso electoral y las razones de cada sector para que le parezca preocupante la llegada de otro sector al gobierno y al manejo del presupuesto.

Espero, fervientemente, que la polarización sea bien encaminada porque será muy complicado tener un buen gobierno si solo nos ocupamos en denostar y no en construir en un panorama de inclusión.