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Martes, 05 Junio 2018 23:44

El músculo de la plaza pública choca con la realidad

  • twitter: @Olmosarcos_

El 29 de junio de 2010, la plaza que esta semana abarrotaron azules y morenos en Veracruz, era ocupada por Peña Nieto para abrazar el futuro que representaba Javier Duarte

Siempre es la misma fórmula. Llenar plazas públicas para impresionar al electorado, para dar a entender, casi simular, que son ‘dueños’ de la voluntad de cientos o de miles, para decirse ganadores y vociferar promesas de un país ideal o una realidad de ensueño.

Así están formados los políticos de nuestra época y son respaldados por sectores cercanos a sus fuerzas, muchas veces en busca de un interés personal, en forma anti natural, con fenómenos de acarreo, presión o hasta coacción, para obtener el apoyo y mostrar un músculo más grande que el del contrincante.

Con estos antecedentes, corremos a ubicarnos en la Plaza Lerdo de Xalapa, el epicentro de las decisiones políticas de Veracruz; una ciudad como tantas del país en la que existe un incremento documentado de los índices de violencia, donde también, los gobiernos municipal y estatal, uno de Morena y otro del PAN, avanzan por rumbos distintos, separados no solo ideológicamente sino también separados en el actuar en favor de los ciudadanos, un territorio en disputa.

Ahí, este sábado 2 y este martes 5 de junio, primero azules y luego morenos, mostraron el músculo. Arrojaron a las masas las fotos, las caras sonrientes, las banderas, pintaron las calles de sus colores, ofrecieron sonrisas, besos y abrazos. También ensuciaron las calles o provocaron marabuntas de caos vial, no les importó el ciudadano de a pie, se apropiaron de lo que no es suyo.

Parados ahí, lanzaron condenas mutuas, sobre el gobierno, sobre la corrupción, sobre las carteras, sobre la voluntad de la gente, la única coincidencia fue al hablar de la palabra cambio.

El hijo del actual gobernador, ‘Chiquiyunes’, Miguel Ángel Yunes Márquez, aseguró haber invitado a unos 30 mil veracruzanos a escucharlo, acompañado de la primera plana panista, junto al candidato a diputado Sergio Hernández, famoso en Puebla por robar despensas para presentarlas como propias. (Léase: http://www.parabolica.mx/2017/columnas/mi-villano-favorito/item/6300-sergio-hernandez-estereotipo-de-los-mirreynatos-de-puebla-y-veracruz).

Del otro lado, AMLO y la plana morenista ante una gigantesca valla lista para el paso del candidato presidencial. A su lado, viejos conocidos de los veracruzanos, con pasados tan dispersos como el espectro ideológico permite reconocer. En el estrado se habló de la cartera, la agenda personal y las bromas de siempre.

Los azules, más Yunes que panistas, los morenos, en guardia ante el efecto AMLO. La plaza pública para mostrar el músculo. Los azules para reclamar al alcalde moreno su apatía ante los problemas no resueltos, los morenos, ante el reclamo de complicidad corrupta vestida de azul de los gobiernos en turno. Frente a ellos, la herencia maldita de esa plaza pública.

Ante los políticos de ambas facciones, el recuerdo del 29 de junio de 2010: ‘Javier Duarte es un hombre que representa a las nuevas generaciones’, dijo Enrique Peña Nieto en ese mismo lugar, ante los ojos del país, cuando el entonces candidato a gobernador, hoy preso, rosaba las mieles del poder público.

Aquel hombre que representaba a los nuevos integrantes del PRI de siempre, fue vitoreado por la misma plaza en la que azules y morenos arreciaron la batalla encarnizada que sostienen por Veracruz.

Aquella plaza que se pintó de primero de azul con toques en amarrillo, o que luego se vistió de blanco con algunos puntos en guinda, es el ejemplo más claro de lo que la plaza pública le da a los políticos, y luego la forma en la que pagan.

En ese lugar, el 14 de Septiembre del 2013, también fue escenario de la violenta represión y desalojo a maestros en campamento por parte de elementos de seguridad pública a cargo de otro funcionario público duartista ahora preso.

Desde hace unos años, la llamada Plaza Lerdo de Xalapa, fue nombrada Plaza Regina Martínez en honor a la corresponsal de Proceso que fuera asesinada el 28 de abril de 2012 en su domicilio, durante el sexenio de Javier Duarte.

Ahí, es donde los políticos jugaron al ajedrez.