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Lunes, 04 Junio 2018 09:13

Buscar votos entre las cenizas del luto

  • twitter: @Alvaro_Rmz_V

La amenaza del fin de la era morenovallista 

Hay una evidente intención electorera en la declaración de la candidata panista al gobierno del estado, Martha Érika Alonso Hidalgo, de -ahora sí- pedir que ni una mujer más sea asesinada en Puebla, tras las ejecuciones de la candidata del Partido Verde Ecologista de México (PVEM), Juany Maldonado, y la regidora de Salud del ayuntamiento de Juan Galindo, Érika Cázares.

Se trata de un discurso además muy riesgoso. Lejos de sumarle simpatizantes y generarle estatura de miras, puede generarle todo lo contrario, al emplazar a la renuncia al fiscal general del estado.

A Víctor Carrancá, no se nos olvida, lo puso y lo dejó, en un deseo transexenal, su marido, Rafael Moreno Valle Rosas.

Ante los ojos de los poblanos medianamente informados la candidata a la gubernatura se evidencia como quien cuando pudo hacer no hizo y, ahora que son tiempos electorales, eleva la voz que antes fue silencio, por las mujeres asesinadas en Puebla que, desde que llegó el morenovallismo, suman ya medio millar.

Por supuesto que lo menos que se podía esperar de Martha Érika Alonso Hidalgo era la condena al crimen contra las dos mujeres y exigir justicia.
Sin embargo dejó la percepción de que pretende capitalizar las muertes de Juany y Érika dando el mensaje de que sí actúa y actuará diferente de su marido.

Estaba de más, por el tufo electorero que tiene, que sugiriera la renuncia del fiscal general del estado, quien es de su grupo político y viene como herencia y lastre de la administración a la que ella misma perteneció.

De más estuvo también la proclama de “ni una más”, que por primera vez enunció.

La indignación de las poblanas y los poblanos no requiere de la “efusiva solidaridad” de Martha. No.
La arenga no limpia las lágrimas de los familiares y amigos de las mujeres asesinadas.

Solamente quienes no tengan el contexto de lo que los feminicidios han significado para el estado y que las autoridades morenovallistas fueron las más ágiles para obstaculizar la declaración de la Alerta de Violencia de Género (AVG), pueden creerle a ella, la compañera de vida de Rafael Moreno Valle Rosas, quien fue engrane vital en su gobierno.

El papel que le ha tocado jugar a ella como candidata, consorte y parte del morenovallismo, a la vez que candidata, es ingrato, sin duda. Posiblemente debería tener mejor suerte, por sus cualidades individuales.

Debe ser agotador tener que disculpar al ex mandatario a cada momento y proponer solucionar los yerros que dejó.

“Ni una más”, dijo Martha y lo dice con una tardanza de más de seis años.
Pide la renuncia del fiscal Víctor Carrancá Bourget, pero sus palabras no tienen fuerza, ni congruencia.
Encima, ya lo habían pedido antes, con razones más argumentadas, candidatos morenistas y priístas.

Ella proclama que “ni una más”, ahora que el proceso electoral está en su recta final y que las propuestas y campaña del candidato del Movimiento Regeneración Nacional (Morena), Luis Miguel Gerónimo Barbosa Huerta, amenazan con ponerle fin a la era morenovallista.

Antes ni “las más ni las menos” fueron motivo de reflexión de la hoy candidata del la alianza Por Puebla al Frente.

Hoy sus asesores le han recomendado atajar, con un discurso audaz, electorero y de alto riesgo, las críticas al morenovallismo del que ella forma parte.
Ahora buscar votos entre las cenizas del luto parece, en su casa de campaña, la estrategia más adecuada.

 

Álvaro Ramírez Velasco