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Domingo, 15 Abril 2018 22:53

Las candidatas testaferro

  • twitter: @Alvaro_Rmz_V

El fallido empoderamiento de las mujeres

La obligatoriedad constitucional, federal y en los estados, de la paridad de género en las candidaturas legislativas y a los ayuntamientos ha terminado en muchos de los casos en una lamentable y fallida intentona por equilibrar la presencia de mujeres y hombres en los cargos de elección popular.

En cambio, lo que sí consiguieron las reformas del año 2014 -la poblana y la federal- fue una nueva serie de trampas, incluso algunas muy ingeniosas, para que los varones, casi siempre dueños de las decisiones cupulares en los partidos, sigan predominando en los poderes legislativos y las municipalidades.

Se buscaba, en el espíritu de la enmienda, terminar con la simulación y segregación de las féminas en la vida política, pero lamentablemente lo que se consiguió es que ahora, en muchos casos, se subraye más todavía la utilización de las mujeres para fines aviesos de los varones.

Con la regla que establece que 50 por ciento de las candidaturas debe ser para mujeres, propietaria y suplente, se supone que se acabaría con las “juanitas”, aquellas candidatas que se postulaban a los cargos, para luego solicitar licencia y dejar la posición a un varón.

Sin embargo, la realidad nos muestra que pasamos de las “juanitas” a las “candidatas testaferro”, aquellas que se prestan a la postulación a sabiendas de que es un hombre quien está detrás y será quien ejercerá, de facto, el cargo.

Hoy, en Puebla y por todo el país, los varones que, por esta regla, no pueden aparecer como candidatos, envían a sus hijas, novias, amantes, esposas o familiares, pero no tienen -en muchos de los casos, no en todos- la menor intención de dejarlas tomar decisiones.

En los casos en que esas candidatas ganen, serán mera pantalla para que mande quien está detrás.

Antes de la reforma constitucional de la paridad de género, la cuota obligatoria a nivel federal era de 30 por ciento de las candidaturas para mujeres hasta el año 2007, cuando una nueva reforma las colocó en 40 por ciento.

También en esos años, hubo un problema de fondo, pues no había la exigencia legal de que las candidatas y candidatos, propietario y suplente, fueran del mismo género. Ahí es como se acuñara el término “juanitas”.

En la configuración de la actual LXIII Legislatura de la Cámara baja, producto de la elección de 2015 en que ya se compitió con esta nueva regla de paridad, efectivamente se ha logrado una mayor representación femenina en el Congreso de la Unión: 43 por ciento del pleno de 500 legisladores y legisladoras son mujeres, 215 en total son ellas.

En esta elección de 2018, en que en algunos estados, como Puebla, están en juego hasta seis cargos, entre ellos legisladores federales y locales y alcaldías, las trampas se han diversificado.

Los partidos están postulando a mujeres en los distritos en que son débiles y no tienen posibilidades de ganar, dejando los fuertes, en donde hay mayores posibilidades de triunfo, a los varones.

Otro embuste, como apuntanos, es dejar la candidatura a la hija, esposa, amante o pariente del varón que es dominante en una cúpula partidista o en una región, quien al final terminará ejerciendo y ella simplemente obedecerá.

Una más, principalmente para el caso de alcaldías, quedó recientemente al descubierto en la alianza que encabeza Acción Nacional (PAN): se realizan arreglos soterrados o abiertos de varios partidos, para postular a mujeres por alguno de ellos.

Así simulan cumplir la cuota de género, pero en paralelo lanzar a un varón por otro partido aliado, para que ya cercana la cita con las urnas, el próximo 1 de julio, ella decline o haya hecho a propósito tan mala campaña que el triunfo lo tenga seguro él.

Así hace el PAN y sus cuatro partidos aliados en Puebla, o al menos así quedó evidenciado con el caso del ex secretario general panista en el estado, Javier López Cuevas, quien fue delatado por la grabación de una llamada telefónica, en la que pedía a un aspirante enviar a una mujer “a modo”, para la farsa de la paridad.

El “empoderamiento de las mujeres” sigue siendo un cuento en muchos casos y decirlo no es misoginia.

Es la fría evaluación de la realidad política del estado de Puebla y del país.

Álvaro Ramírez Velasco