Martes, 01 Mayo 2018 22:53

El fuero y el grotesco guiño electorero

  • twitter: @Alvaro_Rmz_V

Todos se adjudican la paternidad de la reforma que aprobó la Cámara de Diputados

 

La promesa, de todos los partidos en algún momento, de anular el fuero a funcionarios, legisladores y hasta al Presiente de la República es innecesaria, porque esa inmunidad procesal ya está acotada y no aplica en el caso de delitos graves; atenta contra su espíritu original de dar cobijo a los opositores al régimen y, como planteamiento reciente de los candidatos a Los Pinos, es falso y barato, porque no estaban ni están dadas las condiciones para que se avale una reforma constitucional en la materia en el Congreso de la Unión, ni en los estados.

Todos se adjudican la paternidad de la reforma que aprobó la Cámara de Diputados, pero que se atoró -afortunadamente- en el Senado de la República.

Desde todas las bancadas se asegura que podría ser aprobada en un periodo extraordinario en agosto, lo que resulta casi imposible, por las condiciones políticas en que, cualquiera que sea el resultado en las urnas, estará el país. Serán indudablemente complicadas, aunque no necesariamente tensas.

No debemos caer en las falsas declaraciones de los candidatos presidenciales, de que están impulsando esta “reforma republicana”, porque no es más que una charada, que no alcanzará su concreción definitiva en esta legislatura ni en este 2018.

La anulación del fuero es innecesaria actualmente, porque desde 2013 esa protección constitucional está acotada a nivel federal y no auspicia la comisión de delitos graves, en ningún caso, además de que en 15 de las 32 entidades federativas se ha eliminado de sus Cartas Magnas locales para funcionarios, diputados y en 13 casos hasta para gobernadores.

Falta, por cierto, Puebla. Aquí es en donde deberían enfocar sus esfuerzos quienes hoy se desgarran las vestiduras, principalmente en Acción Nacional (PAN), por el atorón que tuvo la minuta en la Cámara Alta.

En estricto sentido de su utilidad, además, el fuero no debe desaparecer, pues cobija derechos políticos, ciudadanos y la posibilidad de que, principalmente diputados y senadores de oposición al régimen en turno, puedan ejercer una función crítica y frontal ante posibles abusos y excesos del poder hegemónico, sin el riesgo de terminar en la cárcel, con procesos penales fabricados.

Sin fuero, por ejemplo, no tengo duda de que el morenovallismo hubiera metido a la cárcel a la otrora opositora, y hoy engrane del sistema, Roxana Luna Porquillo, sobre todo en los días más calientes del caso Chalchihuapan.

Sin fuero, el que tiene como diputado federal, aunque sea con licencia, el candidato del Movimiento Regeneración Nacional (Morena) al Senado en primera fórmula, Alejandro Armenta Mier, también ya estaría en el penal de San Miguel, con un proceso muy, pero muy dudoso.

En su espíritu y bien utilizado, el fuero tiene una lógica y utilidad específicas: evitar las revanchas políticas aviesas.

Es muy sencillo que desde los Poderes Ejecutivos, en los estados o el federal, los que aún controlan las instituciones de procuración de justicia, se les fabriquen delitos a los adversarios.

El fuero, sin embargo, no detiene las balas, pero frena procesos penales injustos, fabricados o apócrifos.

La propuesta, de quien venga y sobre todo en estos meses, de anular el fuero hasta al Presidente, no es más que un guiño electorero, burdo y engaña ignorantes.

Álvaro Ramírez Velasco