Domingo, 17 Junio 2018 21:09

La incertidumbre sobre el papel de Doña Beatriz

  • twitter: @Alvaro_Rmz_V

Una mujer de acciones transformadoras

Hay algo que no deja de inquietar sobre la esposa de Andrés Manuel López Obrador y el papel que querrá jugar ante la inminente llegada del tabasqueño a la Presidencia de la República.

Beatriz Gutiérrez Müller, oriunda de la Ciudad de México y quien trabajó muchos años como periodista en Puebla, ha dejado ver -a diferencia de la anterior campaña presidencial de 2012- una necesidad manifiesta de figurar al lado del candidato de Juntos Haremos Historia, contradictoria respecto de sus declaraciones y enunciados recurrentes sobre su independencia de género y profesional.

Es este un tema difícil, sobre todo porque los seguidores de López Obrador tienden a reaccionar desde la emoción y no en atención a la reflexión.

Sin embargo, aclarado sea desde ahora, se trata de un asunto de interés público que nada tiene que ver con un caso de género, ni de violencia política hacia las mujeres, sino de una mera proyección sobre lo que hoy vemos.

A muchos y muchas dejaron desconcertados los postulados del manifiesto que doña Beatriz presentó en Veracruz, el pasado 27 de mayo en Minatitlán, sobre el papel que espera representar al lado del presidente López Obrador.

Dice ella con absoluta razón y aplaudible determinación que no será la figura de Primera Dama, por ser ésta “clasista” y porque además “el poder presidencial no debe ser de una familia o de un matrimonio”.

Se trata de proclamas coherentes, pero que parecieran surgidas de una intención de figurar como heroína en búsqueda de reflectores, pues su manifiesto lo dio a conocer en un mitin, cobijada por los vivas, los aplausos y las porras.

No fue, en absoluto, un gesto republicano, al menos en la forma, aunque el fondo puede ser interpretado distinto.

Nadie en su sano juicio estaría viendo a Beatriz así, como un agente más de poder o la otra mitad de éste. Esa aclaración, por nadie solicitada, está de sobra.

Pero luego, en ese mismo manifiesto, Gutiérrez Müller soltó frases preocupantes, que delatan cómo se ve, cómo ya se vio, desde la Presidencia de su esposo: “¿Cómo imagino entonces que debe ser la esposa de un Presidente? Una mujer que sabe identificar las acciones transformadoras, requeridas para crear un profundo plan de políticas públicas”.

A ver, a ver: ¿supone ella que deberá participar en el diseño y ejecución, o las dos, de las políticas públicas del lopezobradorismo?

¿Tendrá entonces un poder transferido o compartido?
No por eso fue tan repudiada Marta (se escribe en su caso sin la “h”) María Sahagún Jiménez, la esposa de Vicente Fox.

Agregó: “es importante también expresarles que no tengo intereses político electorales y para ser más clara: no voy a ser candidata a nada ni seré funcionaria pública, así que no imaginen un escenario diferente”.

Efectivamente, sería impensable un nivel de nepotismo mayor que un presidente ponga a su esposa de funcionaria pública o candidata, tan aberrante como algo parecido a lo que vivimos en Puebla.

Sin embargo, ella y él, pero no muchos otros, pasan por alto el riesgoso metapoder que tendrá doña Beatriz como consorte.

Además, en la intimidad de la relación de pareja, mucho o poco, influyen las opiniones del otro o la otra en la propia. Es inexorable y hasta sano que así sea, pero éstas debe anularse en las determinaciones de Estado.

Sin demeritar las cualidades que tenga como escritora o que algunos puedan encontrarle como cantante, llama también la atención que Beatriz Gutiérrez Müller se haya animado ahora ha utilizar la relación con su marido para promocionar sus libros y lanzarse como intérprete, en el contexto y con el pretexto de la campaña presidencial.

Ella ha grabado recientemente canciones, con todo y videoclips, en las que aparece el candidato presidencial. Se entiende que es un anhelo personal que ella cumple.

Lo mismo hizo con su más reciente libro, “Dos Revolucionarios a la Sombra de Madero”, el que irónicamente presentó en un video acompañada por López Obrador, a su sombra, quien lo recomendó ampliamente.

Más allá del apoyo de pareja que debe recibir, el gesto se debe leer en el contexto electoral y el aprovechamiento que ella hace de la popularidad del tabasqueño.

Visto así, carece de honestidad intelectual, sobre todo proviniendo de una mujer que se autodenomina independiente y que busca destacar por sus méritos propios y no colgada de nadie.

En innegable que, con su entera complacencia, a doña Beatriz la metieron en la campaña. Es parte de la oferta lopezobradorista y su posición es ambivalente, como el mismo discurso de la violencia de género.

Me gusta más y es más natural y autentica la Beatriz que a principio de abril pasado le espetó a López Obrador, en el aeropuerto de Ciudad Juárez, mientras él se sacaba fotos con sus seguidores: “ya carga tus maletas, yo ya me cansé”, según recogieron las crónicas de algunos medios y que se hallan con facilidad en Internet.

 

Álvaro Ramírez Velasco