El legado invisible

El legado invisible
Jesús Olmos
Máscaras

Máscaras escribe Jesús Olmos

No hace tantos días abordé un taxi sobre el bulevar Municipio Libre con el que, como toda mi vida en ese servicio, se dio la conversación.

Le preocupaba, como a muchos de nosotros, la situación económica y política del país y del estado, el presente y el futuro para su familia, en la que había llegado un bebé hace apenas unos días.

Juntos recorrimos Las Torres, la 11 Sur y luego un tramo del Periférico, por lo que hubo tiempo de intercambiar ampliamente los puntos de vista.

Hicimos primero un recuento desde el 2017 a la fecha. Hablamos de aquel morenovallismo autoritario y sus obras faraónicas, luego vino la crisis electoral del 2018, la violencia y el tufo a fraude, la tragedia de aquel diciembre y el 2019 casi agónico para la economía de entidad. La incertidumbre seguía golpeando hasta que hubo un poco de calma a la llegada de un nuevo gobernador. Al arranque el 2020 vino la peor pandemia del último siglo, mientras el panorama político se mantenía encrespado por la polarización, vigente hasta nuestros días.

Coincidimos que parecía inverosímil para ambos que, en menos de 5 años, 6 personas se sentaron en el poder, por triunfos electorales o lamentables decesos, y coincidimos que todo este escenario situaba a Puebla en una tormenta perfecta que podría detonar inseguridad y violencia, pero no fue así.

Ahí, con una pausa, me confesó que si bien veía en Miguel Barbosa a un gobernador tozudo, duro y de malos modos, también era alguien con un legado importantísimo para Puebla, aunque prácticamente invisible para las próximas generaciones.

Le pregunté a qué se refería, y me explicó: “Va a pasar el tiempo y se va a hablar de los años que pasaron, en los que muchos perdieron sus trabajos por la falta de estabilidad y oportunidades, poco se dirá que Barbosa vino a calmar las aguas, apagar los fuegos, acomodar las cosas y reiniciar la actividad productiva en Puebla”.

Mencionó la palabra “transición”, así lo definió el hombre que conectaría dos épocas de Puebla. Luego de una larga crisis por tantas manos por las que pasó el poder, hubo alguien que se decidió a usarlo para cimentar.

Me preguntó mi profesión y le comenté “que trabajaba para un periódico” y tenía algunos espacios donde opinar. Hizo un gesto de complicidad y acordamos que sería buena idea escribir sobre esto, para que quede constancia en el futuro.

Anoche luego de una extenuante jornada de contarle a Puebla cada segundo, cada nuevo detalle de la partida de otro gobernador, recordé la conversación con aquel taxista y lo debatible que sería poner en palabras sus ideas sobre el legado del gobernador Barbosa para Puebla.

Luego cerré la faceta de periodista al llegar a casa y recordé que hay días que uno llega en la noche y que se pasa de largo y solo se llega a descansar, pero también hay noches en las que solo quieres llegar y abrazar a los tuyos para sentir que todo está bien; y anoche, claramente, fue una de esas.

 

@Olmosarcos_