Puebla: exorcizar el pasado

Puebla: exorcizar el pasado
Fernando Maldonado
Parabólica

Parabolica.mx escribe Fernando Maldonado 

El infortunio parece haber instalado en el territorio poblano. Ya suman 18 años de desventura, tragedia y crisis política. Se trata de un largo periodo y sin embargo, no deja de mover a sorpresa, indignación o tristeza.

Esta Navidad llegamos a la víspera en la que la reflexión debe prevalecer por sobre el ánimo festivo, la risa y el abrazo. Dotar de un análisis profundo que permita apuntar a un tiempo menos convulso.

Nuestro pasado reciente obliga a plantearnos la necesidad del aprendizaje y el razonamiento para no repetir episodios que ya se han tenido que se han tenido que padecer y que están ahí, para recordarnos que siempre se puede ser mejores.

Y es que si se observa en retrospectiva, uno a uno, los personajes que han sido votados en procesos electorales han padecido las mieles del poder y todo lo que ello implica, pero también el peor de los destinos.

Justo estamos en el cenit de la conmemoración de acontecimientos que envuelven dos polos ideológicos y políticos encontrados y padecieron el mismo: la muerte.

El más reciente el martes 13, el deceso de Miguel Barbosa Huerta, único y último mandatario que mantuvo la necesaria visión de izquierda moderada, homenajeado legítimamente por la gente modesta a la que sus capacidades personales e institucionales se volcaron.

Peleó por el poder en Puebla en 2018 y en 2019 y según su propia convicción, su epitafio debía ser: “Nunca se supo rajar”.

Pero también está la efeméride, y aún más contradictoria muerte de Martha Erika Alonso y Rafael Moreno Valle, un matrimonio que nació por y para el poder.

Esta 24 de diciembre se cumplirán cuatro años de haber muerto como consecuencia de la caída del helicóptero Agusta en Santa María Coronango, en 2018 cuando volaban a la Ciudad de México.

Tres personajes de la vida pública con una enorme exposición mediática e influencia política, muertos en diferentes circunstancias, en Puebla que provocaron dolor, tristeza entre los suyos y sorpresa en general.

Pero existen que igualmente han padecido, en vida, las peores de las suertes y que permanecen ahí en entornos hostiles o alejados de la patria chica.

Es el caso de Mario Marín Torres, con quien quizá haya iniciado este largo periplo de crispación, tristeza y un largo duelo.

Preso por un supuesto delito de tortura contra Lydia Cacho, una dudosa activista, fue el último gobernador priista que protestó el cargo en 2005, punto de partida del turbulento camino que ha tocado vivir a la sociedad poblana.

Si se ve con fría objetividad, el paso del tiempo desde la mitad de la primera década del siglo XX, nos muestra que se difícil existe otro estado del país o gobierno subnacional haya padecido el mismo derrotero.

Rafael Moreno Valle, muerto; Martha Erika Alonso, muerta; Miguel Barbosa, muerto; Mario Marín Torres, preso; Antonio Gali Fayad, exiliado, hasta ahora.

No hay un solo grupo político que no haya resultado damnificado de ese pasado; tampoco hay familias al margen del dolor y tampoco sociedad ajena a la tortura de este pasado.