Javier Lozano y el rechazo por náusea (o el encargo de Marko)

Javier Lozano y el rechazo por náusea (o el encargo de Marko)
Alvaro Ramírez
Piso 17

Piso 17 escribe Álvaro Ramírez Velasco 

No hay un político que le resulte a los ciudadanos más antipático en todo el país que el ex priísta, ex panista, ex priísta otra vez y ahora intentando regresar al Partido Acción Nacional (PAN), Javier Lozano Alarcón.

El ex senador anunció que buscará la candidatura panista a la gubernatura de Puebla en 2024, aunque no es panista, pues renunció a su militancia en 2018.

Esta pretensión tiene evidentes huellas de que se trata de un encargo del presidente del Comité Ejecutivo Nacional (CEN), Marko Cortés Mendoza, para enrarecer y opacar el proceso a los genuinos militantes y simpatizantes poblanos.

Lozano genera solamente sensaciones negativas a los poblanos, la repulsión entre ellas.

Tantas veces ha cambiado de camisón, para introducirse en distintas alcobas, que es difícil discernir dónde están sus afectos institucionales aunque, sin duda, su ideología debe estar, por sus expresiones y acciones de tantos años, muy cercanas al fascismo.

El recuerdo de quiénes fueron dos de sus grandes amigos, también lo exhibe: 1) el ex habitante de Los Pinos, Felipe de Jesús Calderón Hinojosa, quien lo rescató de ser un marginal funcionario del priísmo poblano, para convertirlo en el secretario del Trabajo, en su sexenio.

Lozano extinguió, con el señalamiento de que violó derechos humanos y laborales, Luz y Fuerza del Centro, con un operativo policiaco de Estado.

2) El fallecido Rafael Moreno Valle Rosas, de quien no abundaremos, pues de sobra es conocido su legado oscuro.

Lozano aparece, emergiendo de una lodosa desmemoria, como lugarteniente de Marko Cortés, quien pareciera buscar percudir el natural apoyo de los panistas poblanos a Eduardo Rivera Pérez, presidente municipal de la capital, como la carta fuerte y única seria a 2024.

Marko le juega chueco a sus correligionarios de Puebla y utiliza a la más impresentable de sus fichas.

Pero Lozano no es militante del PAN. Renunció en 2018 y se fue con el candidato presidencial priísta José Antonio Meade, de quien fue una suerte de vocero golpeador y rabioso. Regresó así al tricolor, para acompañarlo y aliñarle con su beligerancia en una nueva derrota, como en los tiempos en que ese partido lo postuló en la capital poblana, como candidato a diputado federal y perdió abrumadoramente.

Apenas la semana pasada y por órdenes de Marko Cortés, con su cobijo y aval, Lozano solicitó su reincorporación como militante de Acción Nacional.

Sin embargo, de acuerdo con los estatutos, todavía no está en condiciones de ser reafiliado.

Deben pasar cinco años, para siquiera solicitar formalmente su reintegración como militante.

Eso ocurrirá hasta el verano de 2023, si es que Lozano reúne las demás condiciones y requisitos.

Mientras tanto Lozano, solamente está jugando al contaminador del proceso interno. Y lo hace por órdenes de Marko.

En el PAN lo conocen bien. Saben que no es confiable. Lo repudian y lo rechazan.

Los panistas más congruentes saben que la postulación de Lozano Alarcón en cualquier posición, la que sea, llevaría la repulsión de sus simpatizantes, militantes y además de la población en general.

Con Lozano tendrían asegurado un rechazo, que viene desde la náusea.

 

@Alvaro_Rmz_V 

Banner Footer