Palabras clave: machismo, discriminación, prejuicio, adorno corporal, libertad.
En los comentarios a una publicación en el portal de Facebook de Enfoque de Igualdad A.C., que versaba sobre el respeto de la decisión de las mujeres de hacer con su cuerpo lo que les venga en gana, en especial en relación con la realización de tatuajes y perforaciones noté que, en varios de ellos, la mayoría de rechazo y claramente machistas se hablaba de las consecuencias. La publicación decía lo siguiente: “El problema no es la libertad. Es que ya no hay control. Cuando dicen que una mujer ‘sin restricciones’ se convierte en su peor versión, en realidad están diciendo que sin vigilancia masculina ya no les resulta cómoda. Porque lo que incomoda no son los tatuajes. No son los piercings. No es la estética. Es que diga: mi cuerpo es mío. Es que ponga límites. Es que decida por sí misma”. Y, como dije, hubo comentarios como este: “Libertad responsable: No consiste en hacer lo que se quiere sin considerar las consecuencias, sino en ejercer nuestra autonomía respetando los derechos y bienestar de los demás y las normas sociales que permiten la convivencia, incluye el acceso a condiciones que nos permitan crecer como personas, como educación, salud y oportunidades económicas, ya que la falta de recursos puede limitar nuestra capacidad de elección”; otro más afirma que “El punto nunca fue prohibir la libertad. El punto siempre fue aceptar sus consecuencias. (…) El verdadero adulto entiende esto: Puedes ser quien quieras ser. Pero nadie está obligado a elegirte. No es opresión. No es injusticia. Es libertad. Para ambos”. Todo después de argumentar, sin decirlo claramente, que nadie tiene que aceptarte si estás tatuada, perforada, gorda o tienes actitudes no complacientes con el modelo hegemónico patriarcal. Esto es, que nadie está obligado a estar con alguien que se sale de la norma. En otro comentario, existe el razonamiento de que, si estás tatuado, te buscarán otros tatuados, nada más y debes aceptar esa situación como consecuencia de tu decisión.
Lo más interesante del asunto es que, machismo o no, semejante prejuicio hacia los tatuajes, piercings, pelos pintados y actitudes que salgan de la “norma”, no sólo afecta a las mujeres, sino a los hombres también. El pensar que una mujer que está tatuada ha “conocido mundo” o “ha taloneado” o es “prostituta” o que un hombre que está tatuado o ha estado en la cárcel o es delincuente, no sólo es prejuicioso y terriblemente ignorante, sino que, gracias a reformas legales recientes, constituye una discriminación que es sancionable, si es que esto impide que alguien realice un trabajo o sea admitido en una institución educativa o en un establecimiento, como restaurantes o bares. De acuerdo con el portal de X de CONAPRED, la discriminación por modificaciones corporales obstaculiza el ejercicio pleno de derechos, como el acceso al trabajo o a la educación”. En este sentido, según se afirma en un reportaje publicado en el diario El Economista, “El artículo 133 de la Ley Federal del Trabajo prohíbe a los empleadores cualquier tipo de discriminación y sanciona con una multa de entre 5,675 y 565,700 pesos al centro de trabajo que rechace a un trabajador por un criterio discriminatorio. (…) ‘Al tratar de forma despectiva a un postulante o trabajador por tener tatuajes, se vulnera el derecho a la no discriminación y a un entorno laboral seguro’, asevera [Katia] Everardo, [consultora especializada en Relaciones laborales]”. En términos conservadores y patriarcales, las mujeres y los hombres deben respetar los roles establecidos para ellos y deben no sólo representarlos sino aparecer pulcros y “bien” vestidos, de acuerdo con los cánones aceptados en el momento y lo que las “buenas costumbres” determinen. Por supuesto, toda modificación corporal se sale de estos preceptos.
Las consecuencias, como vemos, van primero en el sentido de que alguien que se permite esa libertad, sea mujer u hombre, habrá de encontrar pareja sólo con otras y otros tatuados y quizá esas personas sean “enfermos, locos o cosas peores”. Por otro lado, habrá consecuencias laborales, es decir, puedes no obtener un empleo o perderlo por esa razón, como hemos visto, cosa que es ilegal, pero eso poco importa para quien comenta la publicación -o quizá ni siquiera esté enterado de que existe esta legislación-. Lo mismo pasa con el ingreso a escuelas o universidades. Y, en el peor de los casos, como sucede con las mujeres, las consecuencias pueden ser bastante nefastas pues, todavía es muy común que se justifiquen los delitos de violación o feminicidio con la “vestimenta y costumbres” que observaba la víctima y si traía ropa “provocativa”, tatuajes o piercings, pues seguro se lo estaba buscando. Por supuesto, al hablar de estas “consecuencias” no se cuestionan ni los prejuicios ni los estereotipos clasistas o machistas detrás de tales afirmaciones; por el contrario, con ingenuidad o a propósito, se refuerzan. Me resulta lamentable que a estas alturas se sigan fijando en semejantes tonterías y que traten de disfrazar el control y la dominación patriarcal con supuestas razones morales llamadas consecuencias. Discriminación y patriarcado, son los sospechosos comunes, déjense de fruslerías.