La editorial escribe Jesús Olmos
Hace tiempo que las cosas no van bien en Televisión Azteca, propiedad del empresario Ricardo Salinas Pliego.
La cosa comenzó a complicarse no solo por modificaciones en la industria de la televisión en México y a nivel global, por la transformación del ecosistema publicitario y el crecimiento del entorno digital, el pago de más de 3 mil 800 millones de pesos por licencias en 2018, el impacto de la pandemia de COVID-19 en la inversión publicitaria y las ventas, o el pago de una cifra multimillonaria de impuestos, todo ha ido mal desde que su líder mostró su verdadero rostro.
Salinas se ha mostrado como xenófobo, homofóbico, presumido, mal hablado y profundamente intolerante, capaz de cualquier cosa por alterar la realidad a su acomodo, por lo que ha tratado de vender su narrativa en una televisora que apenas sobrevive por un par narradores de fútbol y un programa de espectáculos.
Lo terrible, hay más de 110 mil personas que dependen de las empresas de este hombre que ha mostrado todos los vicios del viejo poder entre influyentismo y corrupción, y que maneja una concesión que al final de cuentas debería rendir cuentas a todos.
@Olmosarcos_