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Lunes, 02 Febrero 2026 20:50

Vestimenta

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Machomenos escribe Israel León O’Farrill

Palabras clave: machismo, vestimenta, género, estereotipo, discriminación.

El ser humano decidió desde hace milenios colocarse algo para taparse del frío y proteger algunas partes del cuerpo algo sensibles y que no quedaran expuestas. Al mismo tiempo, desarrolló calzado para proteger los pies. Para esos momentos, lo importante era la protección y la comodidad. Más adelante sirvió como una forma para determinar pertenencias e identidades. Sin embargo, con el tiempo, la vestimenta se ha convertido en símbolo de nivel social, relacionado con la cuestión económica y derivado de sistemas oligárquicos y aristocráticos. Y, a la par, como producto del patriarcado, se convirtió en un clasificador de género. Los hombres visten de una manera y las mujeres de otra. Si un varón viste prendas destinadas a las mujeres, es alguien raro, por no decir homosexual. Curiosamente, el vestir de “hombre” tampoco garantiza la masculinidad, aunque para muchos machirrines es una característica indispensable. 

Quizá una de las marcas más claras de lo masculino es el pantalón y de lo femenino, la falda. En el modelo imperante patriarcal, la vestimenta se contempla de forma dicotómica: masculino y femenino, lo que cancela formas diferentes de expresión. Como afirma Christian Osvaldo Rivas Velázquez en su artículo “La ropa no tiene género. Masculinidad hegemónica, vestimenta y su alternativa” (2024), publicado en la revista Goooya de la UNAM, una “de las primeras normas de la masculinidad hegemónica es la prohibición del uso de los colores que se asocian a lo femenino, es decir, la presencia del color y su diferenciación en la forma en que nos vestimos. Desde infantes se nos indica cuáles son los colores de niño y en consecuencia cuáles no podemos utilizar. Un ejemplo muy claro lo vemos en los colores de las prendas que se han elegido para representar lo femenino y lo masculino, por un lado el color rosa, morado y tonos pastel, y por el otro, el azul, rojo y negro, además, esto se extiende cuando experimentamos con estilos, estampados, formas, cortes, accesorios y en general todo aquello que se sale de lo normativo”. Durante mi infancia, allá por los años setenta del siglo pasado, el rosa era exclusivo de las mujeres, pero poco a poco se fue introduciendo a la moda masculina vía las camisas de vestir o a las camisetas estilo “polo”. Con todo, ello no llevó a que la internacional macha decidiera restarles importancia a los colores “apropiados” para los varones. Difícilmente veremos al jefe de la Patrulla Fronteriza, el nefario Gregory Bovino, cambiar su look muy a la Gestapo, por un conjunto muy “cool” color azul cielo con vivos rosas.

El hombre se disfrazará de hombre para interpretar el rol de hombre y, para lograrlo, ha de vivir bajo códigos aceptables. Pero, como bien apunta la activista trans Estrella Extravaganza, “cuando algo deja de convenirle al hombre cis y blanco, simplemente los destierra al exilio de lo femenino. Tacones, pelucas, corsés y maquillaje no eran cosa sólo de las mujeres…” En efecto, basta con echarle un ojo a la historia de la humanidad para darnos cuenta de lo que dice, para ver que la moda se va acomodando a las necesidades ideológicas y discursivas del momento. En la época de los Luises, por ejemplo, andar con peluca, maquillado, con lunares postizos y zapatos de tacón era no sólo bien visto, sino también viril. Nótese, por cierto, que cito a una fuente trans, nada más y nada menos, mis cielos y cielas. La ropa ha sido una manera genial para disciplinar, moldear, señalar o castigar a las personas y tanto hombres como mujeres vivimos sujetos a estas camisas de fuerza. En especial ha servido en la actualidad para menospreciar a las mujeres e, incluso, para justificar cualquier atrocidad cometida en contra de ellas por el machismo más vil: “pues es que mira cómo venía vestida”, dirán autoridades, jueces, hombres y mujeres conservadores para revictimizar a la víctima culpándola de su desgracia. ¡Como si no hubiera sido un varón el que la desvivió por el simple hecho de ser mujer! La ropa debiera estar diseñada para la comodidad de las personas y no para responder a necesidades comerciales, de moda o del patriarcado; mucho menos para garantizar la seguridad de las personas, que para viol@r, as4s7nar o golpear a una mujer, al machirrín poco le importa la ropa. Así es que tú, el que está leyendo esto, si te da la gana ponerte una camisa rosa o unas zapatillas escandalosamente multicolores, con flores y unicornios, ¡bien por ti!, al menos conmigo, no tendrás problema.       

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Israel León O'Farril

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