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Machomenos escribe Israel León O’Farrill
Palabras clave: machismo, primera cita, transacción económica, publicidad, estereotipo
Casi todas y todos hemos vivido la experiencia de tener citas con alguien en la búsqueda de pasar un buen rato, conseguir pareja o, como diría Pharrell Williams en conjunto con Daft Punk, “tener suerte” (get lucky). Es todavía muy común que se piense que el varón es quien tiene que pagar, no sólo la primera cita, sino las subsecuentes. Esto, para muchos varones como veremos, representa una transacción comercial. En efecto, pese a que se han dado cambios considerables en las relaciones de pareja, esta es una de las “máximas” que ha conservado el patriarcado. Abundan desafortunadamente hombres y mujeres, jóvenes y no tan jóvenes, que cifran en quién paga la cuenta numerosas condiciones. Si el varón paga, pues en estas lógicas puede significar varias posibilidades para algunas mujeres: que será proveedor, que es un caballero, que podrá cumplirles caprichos y deseos; para muchas otras, el que él pague puede ser indicio de control y dominación, por lo que no permiten que eso suceda y suelen pedir que se divida la cuenta. Hay muchas otras que consideran muy importante colaborar con el pago, considerando que debe ser equitativo. Habrá mujeres que deciden ellas pagar la cuenta completa con la intención de no generar malentendidos en la contra parte y que, de esta manera, envían un mensaje claro de independencia. Hay otro punto a considerar que nos expone la escritora canadiense Anne Rucchetto en una colaboración para el portal de la BBC: “Las personas se benefician de diferente manera según la actual estructura de la sociedad, así que, dependiendo con quién estamos pasando el tiempo, no debería esperarse que ambas partes paguen las mismas cantidades. (…) En promedio, las mujeres ganan menos que los hombres. Las canadienses ganan 69 centavos por cada dólar menos que un hombre. (…) Esto no quiere decir que nos cueste menos vivir; en muchos casos puede ser más caro. (…) La expectativa en torno a la apariencia y los comportamientos de las mujeres tiene un costo material y personal”. Ella más adelante nos deja ver que las mujeres invierten en maquillajes, ropa y perfumes para ser más atractivas en ese momento y eso lo coloca como un argumento más para que los hombres invirtieran más. Sin embargo, considero, eso contribuye a su vez a la idea de la transacción comercial. Los hombres también se arreglan y muchos ahora invierten recursos en afeites y perfumes, no sólo para la cita, sino para su vida cotidiana. Como sea, todos seguimos atrapados trágicamente en colocar al cuerpo y la imagen en una parte central, más que como la manifestación de la alteridad, como un atributo publicitario en esa transacción comercial. Por otro lado, con la realidad económica que vivimos en México -sumamente compleja-, las relaciones de salarios entre hombres y mujeres no quedan tan claras como posiblemente sí lo son en Canadá. Tal precariedad hace que aquellos hombres que no pueden cumplir con el estereotipo machista caigan en actitudes más terribles todavía.
Por su parte, muchos hombres, con demasiada frecuencia, estiman la situación como una transacción económica -como adelanté-, es decir, una inversión, en el mejor de los casos y, en el peor, la adquisición de un servicio. Por tanto, muchos de ellos esperan que algo suceda después de haber “invertido” en esa cita. O, en términos de la “machósfera”, será una magnífica oportunidad para saber la calidad de la chica, es decir, si se preocupará por ti o no, si se interesa solamente en tu dinero o en ti. “Es como si fuera una entrevista de trabajo”, según dice el afamado “Temach”.
Juzgo fundamental que nos preguntemos ¿por qué y para qué salimos con alguien? Y, dependiendo de la respuesta, comunicarlo claramente con la otra persona. Es muy posible que eso ahuyente a más de uno/a que prefiera no mostrar de inmediato todo lo que desea o quizá ni siquiera lo sepa. Sin embargo, pienso que la sinceridad es lo más honesto que podemos ofrecer. Por otro lado, es tiempo de que dejemos de construir nuestras relaciones humanas como si se tratara de relaciones laborales o comerciales y, sin duda, dejar de vernos y ver a los demás como productos o servicios. Debemos centrarnos en el estar, en el escuchar, sentir y comprender. Y si después de la comunicación alguien o ambos coinciden en pagar la cuenta, bueno, se habrá desarrollado una cita madura, honesta y, considero, con muchas posibilidades de continuar. Está más que claro que la simulación, la mentira y el interés económico producen cimientos terriblemente endebles en relaciones condenadas al fracaso y, por la cosificación del otro, a violencias de todo tipo. Somos personas, hay que recordarlo todo el tiempo.
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