Con más perspectiva por Leticia Montagner
En los últimos días del año y principios de este 2026, se ha escrito mucho sobre el camino de la derechización en los países de América Latina. La realidad es muy simple, de acuerdo a expertos, es una alternancia entre izquierda y derecha, se trata de un movimiento pendular, que a veces se inclina a un lado y configura ciertas coincidencias temporales sobre todo en las elecciones presidenciales.
Con el triunfo en Chile del ultraconservador José Antonio Kast, fundador y líder del Partido Republicano y defensor de la dictadura de Augusto Pinochet, llegó por primera vez la ultraderecha al Gobierno, después del retorno a la democracia.
En el tablero latinoamericano la derecha sumó una nueva ficha, que se anexa a Presidentes como Javier Milei en Argentina, Daniel Noboa en Ecuador y Nayib Bukele en El Salvador.
De 19 países latinoamericanos, actualmente en 9 hay gobiernos de derecha. Otros 10 son de izquierda, donde destacan México con Claudia Sheinbaum, Brasil con Lula da Silva, Colombia con Gustavo Petro, Uruguay con Yamandú Orsú, además de Chile con Gabriel Boric, pero con la llegada de Kast a la Presidencia y la llegada del conservador Nasry Tito Asfura en Honduras, respaldado públicamente por Donald Trump, en el total general la balanza se inclinó hacia la derecha.
Pero más allá del mapa, hay una complejidad que no se explica simplemente como una ola derechista. La política tiene que ver con procesos tanto internos como globales y el impacto a nivel latinoamericano de la llegada de un gobierno de color distinto depende del peso del país en cuestión y del liderazgo de su Presidente.
De acuerdo a la opinión de Andrés Malamud, el reconocido politólogo uruguayo e Investigador del Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad de Lisboa, es improbable que la victoria de Kast tenga gran impacto regional, por dos razones, dijo a la agencia de noticias alemana DW, primero porque es lo usual que Chile alterne entre izquierda y derecha cada cuatro años y segundo, Kast tiene un estilo menos disruptivo que Bukele o Milei.
Hablar de una ola derechista es descriptivamente correcto, pero analíticamente engañoso, en Sudamérica están triunfando las oposiciones, que solo circunstancialmente son de derecha. En Uruguay, por ejemplo, ganó la izquierda porque gobernaba la derecha, dijo Malamud.
Por otra parte, es importante tener en cuenta el peso de Chile en la región, el de los liderazgos, en este caso el de Boric comparado con el que podría tener Kast y luego la vinculación de Chile y de este nuevo liderazgo con la agenda global, señaló la Politóloga Yanina Welp, Investigadora del Albert Hirschman Democracy Centre del Geneva Graduate Institute.
Chile no tiene la incidencia que puede tener Brasil en un cambio de política o el peso económico o simbólico de Brasil; por lo tanto, sin negar que hay un impacto claramente, no veo un cambio enorme; por otro lado, la política chilena se ha caracterizado en los últimos años por una gran estabilidad.
Más allá del giro a la derecha, para Welp "centrar todo el debate público en hablar de una ola derechista, incluso de extrema derecha y poner a todos los liderazgos en un mismo paquete, lo que hace es ocultar que hay unas demandas ciudadanas que tienen una base concreta. La criminalidad crece en América Latina y hay una tremenda insatisfacción frente al estado de cosas y quizás como un elemento destacado en eso, a la enorme corrupción que hubo con gobiernos de giro a la izquierda.
Hay una dimensión regional del surgimiento de estos liderazgos de ultraderecha, no es casualidad que se fortaleciendo en distintos países de América Latina; tiene una dimensión global, porque este tipo de propuestas radicales tiene antecedentes en Estados Unidos, en Europa y distintas partes de mundo, indicó a su vez Claudia Heiss, Profesora del Departamento de Estudios Políticos de la Universidad de Chile.
Sobre el reciente triunfo de la ultraderecha en Chile, señaló que para los equilibrios regionales, se ve más debilitado el polo de izquierda en América Latina y fortalecido el de derecha.
Finalmente, Heiss señaló una votación desde la izquierda a la derecha, que podría revertirse hacia la izquierda, de seguir el movimiento pendular. Las elecciones presidenciales del 2026 en Costa Rica, Colombia, Brasil y Perú serán una nueva prueba para verificar cuánto ha crecido la adhesión a las posturas de la derecha.
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@LMontagnerG