Jat escribe por Jatzume Hernández
La sobre exigencia; el nuevo operandi del estrés
Actualmente, todos estamos concentrados en lo que haremos a futuro, en lo que queremos lograr, en lo que nos espera en algunos años; siempre viendo los posibles éxitos como golosinas que tenemos que atrapar. Esto lleva a la sociedad a un juego constante, donde se hace creer a los participantes que, entre más “éxitos” acumulen, se convertirán en el próximo ganador.
El problema es que nunca es suficiente. Cuando se tiene una meta y se cumple, rápidamente se vuelve una expectativa corta. Y, por un lado, considero que está bien; sin embargo, cuando esto llega al punto en que nada de lo que haces se siente como un logro, es donde comienza el verdadero problema.
¿Cuál es el límite? Porque, al final del día, comenzamos a sobrepensar demasiado las circunstancias que nos rodean al no sentir esta plenitud en nuestros proyectos. Es decir, ¿por qué sobrepensamos tanto… y todo?
La psicóloga Rebeca Cáceres Alfonso ha explicado que sobrepensar es un intento de controlar o anticipar problemas, convirtiéndolos en un bucle mental repetitivo. Esto surge con la intención de buscar seguridad en nuestras acciones, debido a que dudamos de nuestro propio criterio y terminamos dependiendo de la validación externa.
Validación que puede venir de los padres, de los hermanos, de los “amigos” o de personas que idealizamos. Esto nos vuelve a llevar al sobrepensamiento, tratando de entender: “¿por qué no le gustó?, ¿por qué no me felicitó?”. A esto, el psicólogo Ethan Kross lo llama “control compensatorio”: pensamos más para sentir que controlamos la situación.
El cerebro moderno está usando herramientas de supervivencia… en un mundo donde ya no siempre son necesarias.
¿Será que el ritmo de vida actual nos hace distorsionar la realidad, impidiendo nuestra propia validación?
Considero que, en gran parte, también tiene que ver el marketing que nos envuelve día a día, donde nos muestran que, para tener una vida exitosa, debemos tener muchas casas de lujo, un coche del año, joyas, ropa de marca, ir a restaurantes reconocidos y tomar café de “marca”. Todo se convierte en eso: marcas y números.
Convirtiendo el sueño de una “vida ideal” en una vida aspiracional que, aterrizada a la realidad —o al menos a la de la mayoría de los mexicanos—, se vuelve un sueño irreal. Un escenario donde trabajas de sol a sol, ahorras durante meses y, aun así, apenas alcanza para uno de los miles de objetos que la sociedad dice que “debes” tener.
Así que aquí te dejo 6 consejos que pueden ayudarte a tranquilizar esa mente alborotada y sobrepensante, y a valorar el esfuerzo que haces día con día:
Baja el ritmo de tu mente: Cuando sientas que tu cabeza no para, haz pausas conscientes. Inhala profundo durante 4 segundos, sostén 4 y exhala en 6. Esto envía una señal a tu cuerpo de que estás a salvo y ayuda a reducir la ansiedad.
Entiende que no todo lo que piensas es verdad: Pregúntate: “¿esto es un hecho o solo una interpretación?”. Aprender a cuestionar tus pensamientos te da poder sobre ellos.
Escribe: Sacar tus pensamientos de la cabeza y ponerlos en papel ayuda muchísimo. Ordena el caos mental y permite ver las cosas con mayor claridad.
Enfócate en lo que sí hiciste hoy: Tu mente tiende a enfocarse en lo que falta. Haz el ejercicio contrario: cada día anota 3 cosas que lograste, aunque sean pequeñas. Esto entrena a tu cerebro a reconocer tu esfuerzo.
Pon límites al pensamiento: Date un tiempo específico para pensar (por ejemplo, 15 minutos) y después suéltalo. Si el pensamiento vuelve, recuérdate: “esto ya lo pensé, ahora toca avanzar”.
Háblate mejor: No eres una máquina. Háblate como le hablarías a alguien que quieres: con paciencia, reconocimiento y respeto. Valorar tu esfuerzo empieza por cómo te tratas.
Es normal sentirse abrumado; lo que no es sano es acostumbrarse a vivir así. Recuerda que todos tenemos ritmos diferentes.
@Jatzume1