Expertos resaltan la importancia de contar con equipos para evaluar el peligro
El 21 de diciembre de 1994, cerca de las 01:54 horas la vida de las comunidades cercanas al volcán Popocatépetl cambió para siempre, luego de que el coloso se reactivara.
Un fuerte estruendo, acompañado de una columna de gas y ceniza volcánica alertó a las familias y autoridades.
La explosión de gran fuerza derribó el tapón que se creó por años en el cráter, saliendo a modo de una nube gigante de ceniza.
Los residuos volcánicos alcanzaron a San Andrés Calpan, San Pedro, San Andrés Cholula, Huejotzingo, Coronango, Cuautlancingo y Puebla capital.
A 30 años de distancia, el investigador de Departamento de Sismología del Instituto de Geofísica de la UNAM, Carlos Váldes González, destacó que las autoridades deben mantener una evaluación constante de los riesgos para la población.
El experto consideró que si hace unas décadas se contara con estaciones de monitoreo “probablemente habríamos podido observar cambios más sutiles y eventos pequeños”.
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