El dinero manda

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Parabolica.MX escribe Fernando Maldonado 

Ana Karen Rodríguez es una joven madre de tres niñas menores de edad con quienes apenas se pudo reunir en octubre de 2025, luego de tres años de intensa búsqueda. A las hijas que procreó con un ex marido golpeador, mentiroso y prepotente como Erick N., las escondieron entre Puebla y Tlaxcala, en casas de seguridad, trasladadas de madrugada, incluso en cajuelas de autos a los que se les cambió placas de circulación para evitar su ubicación.

Fue producto de una acción concertada entre Erick N., padre biológico de las niñas, los padres del personaje y la familia en una clara tipificación de delincuencia organizada para utilizar a tres niñas como moneda de cambio para quebrar a la madre y obligarla a desistirse de las acciones legales sin advertir que en el catálogo del Código Penal, hay delitos que se persiguen de oficio, como el de violencia vicaria.

Para poder encontrar a las niñas debieron hacerse mas de 30 cateos en diversos domicilios. El trabajo de investigación había sido infructuoso debido a que mediante chantaje y corrupción, obtuvieron siempre acceder a información privilegiada desde dentro del gobierno para poder moverse de lugar y evitar ser detenidos.

Las niñas han recuperado cada día la confianza, saberse seguras y poder asomar a las ventanas con la tranquilidad de que no habrá nadie que las reprima o las deje sin alimento, en medio de la noche y a la intemperie.

Esa es la realidad, inenarrable por el horror que la familia de Erick N., impuso en tres hijas que procreó con Ana Karen a quien una tarde decidió golpear y casi asfixiar hasta la muerte ante la mirada complaciente de sus propios progenitores, en un ejemplo de que padres cómplices sin freno construyen monstruos como el sujeto que se encuentra recluido.

Si, son los abuelos paternos como elementos centrales de una historia criminal inédita en los anales de la justicia en México. Conocer ese expediente es indispensable para tener un contraste mas claro de ese tramo de la historia a la luz de los últimos hechos en los que desde el núcleo familiar se comenzó una andanada de infundios a través de medios de comunicación de ínfima credibilidad para influir en el Poder Judicial.

Litigar desde las cañerías mediáticas para favorecer a quienes a todas luces cometieron todo tipo de abusos. En contra de la joven madre y de las niñas, víctimas de la atrocidad de unos abuelos sin estándares de conducta éticos ni morales para solapar a un criminal.

Es en ese contexto que se inscribe el trabajo de un reportero de los medios electrónicos, analfabeta funcional con limitaciones profesionales desde que salió de la carrera en As Media, imposibilitado para redactar una nota periodística sin la pulcritud obligada para ofrecer calidad a la audiencia que utiliza un servicio que transmite por Facebook para defender lo indefendible de quien el columnista se reserva el nombre por la pequeñez e insignificancia.

“Una familia que está recluida, en el Centro de Adultos Mayores y en el penal de Ciudad Serdán… Una familia que se ha visto muy afectada por caprichos y porque la justicia no es pareja (…)”, dijo desde ese púlpito vergonzante. En una de esas, quien pontifica desde esa plataforma exige que la madre y las niñas pidan perdón a sus criminales victimarios.