Parabólica.MX escribe Fernando Maldonado
La incorporación de Blanca Alcalá a las filas del Partido Acción Nacional no hace sino confirmar la existencia de una crisis de legitimidad de un partido político que alcanzó la cúspide en la elección de 2010, cuando otro ex priista fue arropado para contender con éxito en esa contienda: Rafael Moreno Valle, fallecido en 2010 junto con su esposa Martha Erika Alonso tras la caída del helicóptero Agusta en diciembre de 2018 frente al priista Javier López Zavala, condenado a 60 años de prisión por el delito de feminicidio en contra de Cecilia Monzón, ocurrido en mayo de 2022.
La tragedia como norma en dos perfiles que pelearon con dientes la gubernatura de ese año y que se tradujo en una profunda división política de la que aún ahora se viven estertores insoslayables.
Acción Nacional, según diversas encuestas, está lejos aún de tener solvencia suficiente para hacer frente al Movimiento de Regeneración Nacional. Por razones multifactoriales, al inicio de este 2026, año de las internas en los partidos para perfiles a quienes contenderán en la elección intermedia del próximo año, matemáticamente es imposible arrebatar al partido hegemónico alguno de los gobiernos locales que conquistó en 2021 y la pesadilla está aún por comenzar porque algunos otros cotos en manos de la oposición están en el aire.
La ex priista que la víspera fue recibida por el dirigente nacional Jorge Romero, junto a Mario Riestra y Genoveva Huerta, presidente y secretaria general respectivamente, es la última carta con la que podría contar el panismo para competir para la alcaldía capitalina, en medio de un páramo en el que no se alcanza a ver alguna figura con nivel de conocimiento, buena fama y opinión positiva para ofrecer una oferta política y electoral atractiva.
No se debe olvidar que Blanca Alcalá ha sido una figura tenaz para construir una sólida en la administración pública, partidista, legislativa y diplomática. El método de trabajo que la ha distinguido es metódico, calculado y contrastado. Para nadie es ajeno el episodio aquel en que arrancó campaña por la presidencia municipal de la capital con 20 puntos por debajo del candidato del PAN, Antonio Sánchez Díaz de Rivera y terminó por revertir el resultado por dos dígitos, para sorpresa incluso del partido en el que militó hasta hace tres semanas.
En 2016 volvió a competir contra Acción Nacional. La tarea fue mas difícil porque iba por la gubernatura en medio de ese morenovallismo que no escatimó en recursos, legítimos e ilegales, para dejar como sucesor a Antonio Gali. El entonces coordinador de la campaña del panismo poblano, Javier Lozano Alarcón la llegó a acusar de enriquecimiento ilícito y lavado de dinero. Los delitos del fuero penal no prescriben, llegó a acusar el feroz golpeador de ese panismo.
La historia es bien conocida. La ex candidata a la gubernatura por el PRI fue víctima de una campaña negra a través de la prensa sumisa a ese grupo político que en estos tiempos habría sido tipificada como delito en violencia política en razón de género, pero eran otros tiempos. Es temprano para vaticinar cuál será el resultado del nuevo lance del PAN en la antesala de la competencia política, pero una cosa es clara: ambos debieron comer sapos sin hacer gestos ante el desafío en puerta.
@FerMaldonadoMX