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Lunes, 09 Octubre 2017 22:22

Moreno Valle, el Anaya del PAN Puebla

Prácticas que cambian el mapa político de toda una entidad

Las acusaciones de los panistas contra Ricardo Anaya, tienen sustento en las acciones del líder panista como dirigente de partido. El PAN se ha vuelto el partido de la indefinición, de la complicidad y de la permisividad de todo. Pero Anaya no es el único.

Las prácticas anteriores no han sido cosa nueva ni mucho menos instaurada por el líder de Acción Nacional, sino más bien han permeado el partido desde la base. El control del poder político y capital del partido, ha sido dosificado en partes a pequeños liderazgos, quienes incluso hoy, piden apertura, diálogo y ser tomados en cuenta.

Rafael Moreno Valle, es uno de estos personajes que se muerde la lengua. Pide lo que no ha sido capaz de dar. Instauró un ajedrez plagado de caballos, peones y alfiles.

Las líneas de sus señalamientos contra la dirigencia blanquiazul, van desde ‘ha tomado la dirigencia’, ‘hace uso personal de la franquicia de Acción Nacional’, pasando por ‘quiere ser presidente a costa de lo que sea’, ‘utiliza controles partidistas’, hasta un ‘se debe democratizar al partido’ o ‘evitemos rupturas’, las mismas que los liderazgos panistas tradicionales le reclaman en Puebla.

Casos como el de la ahora exiliada del PAN, Ana Tere Aranda, el corrido con judiciales Rafael Micalco, el perseguido Eduardo Rivera, los atacados Juan Carlos Mondragón, Juan Carlos Espina o Humberto Aguilar Coronado, el PAN en Puebla sufre el mismo mal del ‘anayismo’.

E incluso va más allá. A tal grado ha llegado la imposición del morenovallismo en áreas de la política estatal que, miembros del PRI y PRD, han sido seducidos por el encanto de este grupo político que busca la permanencia en el 2018.

El alcance del morenovallismo cambió el panorama político de ser derecha, centro o izquierda, que naturalmente eran representados por PAN, PRI y PRD, a lo que ahora es una conformación deforme de grupos.

En ellos se distinguen los morenovallistas, que actualmente ostentan el poder, grupo integrado de gente principalmente emanada del PRI, pero que se ha encumbrado con las siglas de Acción Nacional. Ahí también hay neopriistas de esos que premian la relación superinstitucional con el presidente Peña Nieto, además de miembros del PRD de las corrientes Nueva Izquierda, Foro Nuevo Sol y Galileos, y también se incluyen los satélites del Verde, Nueva Alianza y Compromiso por Puebla.

El otro grupo son los antimorenovallistas, líderes de todos los grupos políticos perseguidos, relegados u ofendidos por la administración que llegara a Puebla en el 2011. Ahí podemos apreciar a la lideresa del Sol Azteca en Puebla, Socorro Quezada y su ex compañero Miguel Barbosa, que no hace mucho era un morenovallista más.  También Alejandro Armenta, ex priista ahora bajo las siglas de Morena, además de los panistas tradicionales que han probado el bocado del exilio de su propio partido, acompañado de un poco de desprecio.

En el otra ala, ajenos a ambos grupos emergen los antisistema, principalmete ubicados en Morena que poco o nada se junta con los otros dos grupos y siguen la línea de acción de Andrés Manuel López Obrador. 

Las consecuencias de que Moreno Valle, ocupe al igual que Anaya, técnicas de coaptación, disuasión y control, tienen consecuencias más allá de sus aspiraciones y su partido, han cambiado el mapa de la vida pública en la entidad, como ya pasara con el trazo de la vida pública de Acción Nacional entre sus liderazgos que desembocara en la ruptura.

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  • twitter: @Olmosarcos
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