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Domingo, 17 Diciembre 2017 23:13

El sexenio de la simulación

Enrique Peña y su muy íntimo grupo de allegados, habrán dejado una estela de preomesas incumplidas y reclamos no escuchados a su paso

A un año de que se acabe el ominoso gobierno de Enrique Peña Nieto, su sello, más allá del legado de corrupción solapada y las cifras de muerte por la inseguridad en una guerra sin pies ni cabeza, será la simulación.

Peña Nieto se irá a la historia como el presidente elitista que no escuchó, que no vio y que tiró al basurero a su pueblo gobernado.

Simularon reformar al país.

Ofrecieron mejoras a la educación, pero solo cambiaron el control de las plazas vía una reforma laboral más que educativa.

También ofrecieron bajar los costos de la luz eléctrica, el gas o las gasolinas mediante la reforma energética, simularon que llegaban capitales mientras desarmaban a Pemex y lo ofertaban por partes, en medio de oscuridad camuflada de luces y transmisiones en vivo.

Prometieron acabar la corrupción, permitieron el saqueo a discreción de los Duarte, los Borge, los Moreira, los Medina, los Ávila Villegas y luego simularon limpiar la casa, pero dejaron a toda la estructura impune de ex funcionarios a los que les otorgaron fuero y luego los defendieron a capa y espada para mantenerlos obedientes en sus curules.

Prometieron un cambio en la estrategia de seguridad ante la herencia inefable del sexenio anterior, el de la sangre, y simularon que todo era un tema de percepción de los medios. Acallaron voces, pusieron un corcho a una onda expansiva y finalmente, ante tanta simulación, les brotó en la cara y los dejó desnudos.

En medio de un mar de cadáveres de inocentes, pasaron por encima con un tanque, amparado en una legislación para la que simularon escuchar a la sociedad.

Simularon una investigación al presidente y su Secretario de Hacienda cuando les descubrieron mansiones lujosas donde había rastros de su principal proveedor de infraestructura.

Simularon también el respeto a la libertad de expresión, pero tomaron, con la violencia que solo da el influyentismo, los puestos de quienes descubrieron la verdad, de quienes criticaron sus leyes o escribieron sobre las mansiones blancas y les criticaron los excesos, y desmembraron la novela presidencial, que pronto se fue al vacío.

Y como nunca, se contaron las almas caídas de quienes salen todos los días de casa a buscar contar un pedazo de la realidad.

También simularon oponerse a las violaciones a los Derechos Humanos, pero solaparon las ejecuciones extrajudiciales en Palmarito, los abusos en Nochixtlán, los fusilamientos de Tlatlaya (Estado de México) y urdieron una verdad histórica ante el estremecedor caso de los Normalistas de Ayotzinapa. Y ante los testimonios del pasado represor de quien encabeza el poder desde la Comisión Interamericana de Derechos Humanos por el caso Atenco, hicieron oídos sordos para continuar simulando que gobiernan una nación dolida, harta de ellos.

Luego simularon la entrega de sus recursos públicos ante los devastadores sismos, y embarazaron los registros con casas afectadas en su infinita infamia, y también simularon administrar los recursos que llegaron del extranjero y de la bondad local, y simularon entregarlos, y cuando la gente que lo perdió todo no tenga para pagar los créditos los que obligaron a aceptar, quedará expuesta tanta simulación ante la tragedia.

Ahora, están simulando haberle ofrecido a un ciudadano su poder y su trono, para conservar el hueso, mediante una elección que, también, simularán respetar.

Y el ciclo vuelve atrás…

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  • twitter: @Olmosarcos
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