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Jueves, 14 Diciembre 2017 21:35

Los patológicos yerros de AMLO

Suma al conservador PES y a la ex ministra que avaló la impunidad para Mario Marín

El precandidato presidencial del Movimiento Regeneración Nacional (Morena), Andrés Manuel López Obrador, resulta su peor asesor y así lo demuestran las decisiones equivocadas, evidentemente absurdas, que toma y que muy pocos de sus seguidores son capaces de cuestionar, ni siquiera reflexionar.

Esos yerros, que ya resultan patológicos, son los que le están costando derrotas o la posibilidad de que, en maniobras oscuras, los triunfos le sean arrebatados. Ya lo vivió, principalmente, en 2006 pero no entiende.

No hay justificación alguna para que haya sumado a la alianza de izquierda que ya conformaba Morena con el Partido del Trabajo (PT), al conservador Partido Encuentro Social (PES) que además ha sido en el pasado rémora del priismo.

El instituto que dirige Hugo Érick Flores, además de su flácida ideología y comportamiento acomodaticio, no representa ninguna fuerza real que sume a la causa lopezobradorista y, sí en cambio, resulta un lastre al que habrá que darle posiciones legislativas.

Si de por sí, por ejemplo en Puebla, hay una pelea ácida en Morena por las candidaturas entre quienes se adjudican la calidad de “puros” y los que tildan de advenedizos, quienes llegaron del PRD y el PRI, cómo le va a explicar ahora el tabasqueño serrano a sus militantes más fieles, que además habrá que darle posiciones a personajes que vienen de un partido que se ha manifestado en contra de banderas de la izquierda, como la diversidad sexual y el derecho a las mujeres a decidir sobre sus cuerpos, como el PES.

En un desplante de lucidez, la que no demuestra López Obrador, una de sus seguidoras de corazón, que lo adora hasta la médula, la escritora Elena Poniatowska Amor, acompañada por la activista y actriz Jesusa Rodríguez, protestó con una pancarta, por la adhesión del PES a la ahora llamada coalición “Juntos haremos historia”, luego de que el tabasqueño anunciara a los integrantes de su gabinete.

“No al PES”, con el símbolo de los cristianos -religión a la que pertenece López Obrador- al lado, se leía en la cartulina.

Hay más y peor: la votación reportada por Encuentro Social en el último proceso electoral estatal en Puebla, en el que se eligió gobernador en 2016, no llegó ni a los 12 mil sufragios, una cifra que no significará nada en la contienda de 2018, en donde quien quiera ganar la plaza poblana y sumar al proyecto nacional deberá superar el millón 200 mil votos.

Aunado a lo anterior, resulta inconcebible, al menos como estrategia en imagen, que López Obrador haya sumado y dado además la calidad de jefa de su posible gabinete, si es que pasa la prueba de las urnas el 1 de julio de 2018, a la ex ministra de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), Olga Sánchez Cordero, quien arrastra como estigma histórico haber sido la que, en 2007, con su voto, salvó al ex gobernador Mario Plutarco Marín Torres de la destitución por el caso Lydia Cacho.

Esos dos temas son completamente contradictorios.
Hacen dudar del precandidato de Morena.


Pareciera que lo hace, estratégicamente, a propósito.

 

Álvaro Ramírez Velasco 

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