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Viernes, 02 Marzo 2018 15:24

Luto

  • twitter: @gentetlx

Por Edgardo Cabrera

Media docena de familias se encuentran de luto, ayer una camioneta colectiva volcó en la autopista Tlaxcala-Texmelucan ocasionando una auténtica tragedia que terminó con la vida de siete personas.

El accidente abre de nueva cuenta los cuestionamientos al servicio público de transporte que goza de total impunidad para operar y cuyos líderes chantajean políticamente a las autoridades cada que pueden.

Semanas atrás paralizaron la capital del estado en demanda de mayor seguridad (ante una serie de asaltos que sufrieron los choferes), después protestaron en demanda del incremento de las tarifas, también –apadrinados por algunos diputados opositores- presionaron para frenar la renovación de las unidades con antigüedad de 10 años y, no hace mucho, exigieron prohibir las plataformas digitales para prestar el servicio tipo taxi.

El asunto es que cada una de sus demandas se les ha cumplido, si bien no en la medida de sus exigencias, sí en función de la realidad del estado de ahí que el incremento autorizado para el pasaje fuera de sólo 50 centavos.

Sin embargo los líderes y concesionados no se han comprometido a nada y no han mejorado las condiciones de seguridad de los pasajeros y menos el trato a los usuarios, ya no hablemos de las unidades que en muchos caso parecen carcachas a pesar de que son modelos recientes.

Ahora, como suelen hacerlo, los transportistas guardarán silencio, dejarán a su suerte a las familias enlutadas y los heridos.

Inseguras

No es la primera vez que lo criticamos. Resulta que las unidades que se ocupan para el servicio público no cumplen ninguna medida de seguridad para los pasajeros ya que siempre son modificadas para meter a más personas.

Los asientos son hechizos y carecen de al menos cinturones de seguridad, son tan salvajes que no tienen empacho en llevar sobrecupo –lo que incluye personas de pie y dobladas-, y en muchos casos clausuran las ventanas para impedir que los usuarios las abran y “dañen” la unidad.

Lo cierto es que ante los accidentes, esas ventanas clausuradas podrían servir como opciones de escape en caso de volcadura.

Por si fuera poco, basta ver los tableros de las unidades para percatarse que muchas circulan con luces de advertencia por problemas mecánicos o de falta de servicio.

Todo lo anterior explica el saldo fatal del accidente en Ixtacuixtla, las víctimas no tuvieron la menor oportunidad de salir ilesas porque simple y sencillamente viajaban en un verdadero ataúd.

Impunidad

Por cierto, ojalá la Policía Federal, el Centro SCT y la Secte rindan cuentas de las razones para permitir que unidades del transporte con permiso para circular en vías estatales presten el servicio sobre autopistas de jurisdicción federal.

Recordemos que los concesionarios estatales el año pasado pegaron el grito en el cielo cuando la empresa ATAH amplió sus rutas a Tlaxcala utilizando la vía federal de Ocotlán, a pesar de que esa empresa goza precisamente de concesión federal y ellos no.

El asunto es que para evitar movilizaciones se les consienten prácticas que tarde o temprano se convierten en “ley” a pesar de los riesgos para la población.

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