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Lunes, 11 Junio 2018 00:03

La fiesta: un despropósito; el barco de México y la tragedia de Almeyda

  • twitter: @Donkbitos

Aquí hay de todo, como en botica

Despropósito

 
Tras revelarse a los cuatro vientos la polémica -y por todos conocida- fiesta de los seleccionados mexicanos, mi primera reacción fue de sorpresa. Y no porque los futbolistas profesionales no puedan o no acostumbren recurrir a este tipo de actividades recreativas. Fue algo más cercano a la incredulidad de, estando las cosas como están, haberlo hecho con tan poca discreción; y también, por supuesto, ante la cercanía de una competencia como la Copa del Mundo y lo que eso significa.
 
Sí, parece incomprensible que a menos de dos semanas para comenzar un Mundial, el torneo de mayor prestigio en que un futbolista profesional puede desempeñarse en su trayectoria y al que, dicho por los mismos jugadores mexicanos, se acude con el sueño, deseo y firme convicción de conquistar, alguien conciba contrariar de manera grosera y burda lo mínimo que el deporte de alto rendimiento exige. Sin embargo, entre toda la novela, nos guste o no, existe una verdad absoluta: dicha reunión fue del conocimiento de todos los que conforman a la Selección Nacional (jugadores, cuerpo técnico y directivos) y se realizó en absoluta libertad de lo que sus estrictos menesteres como seleccionados demandan. Touché
 
A título personal, creo que lo peor de todo no estuvo en la fiesta ni el libre albedrío -por muchos visto como libertinaje o irresponsabilidad- de hacerlo, sino en la polémica que rebasó, y muy feo, a los medios de comunicación; y malo, a los deportivos; y peor, a los especializados en futbol. La cobertura de algo importante a nivel deportivo pero tan nimio a nivel social, como si se tratara de un mancillamiento a un símbolo patrio o una absoluta cuestión de Estado (cosas de las que una Selección Nacional dista y en demasía), llegó a un nivel de escarnio preocupante.
 
Con el paso del tiempo, y de los escándalos, muta en irrefutable la idea de que, en México, el periodismo enfocado en futbol no sabe o, lo más preocupante, no le interesa hablar del juego; hacer el intento, por mínimo que este sea, de interpretar lo que la pelotita y sus protagonistas tratan de decirnos cuando saltan al campo y, sobre todo, provocar que la gente se interese en ello.
 
Y así es como se puede entender la molestia generalizada cuando Juan Carlos Osorio habla de formaciones, funciones y no posiciones, y demás conceptos; a final de cuentas, ¿para qué? Lo que interesa es vender, sin importar a quién nos llevemos de por medio. En manos de esa gente están y seguirán estando ciertos medios. Ni hablar. 
 
Barco
 
Agridulce última prueba de México antes de comenzar su participación en Rusia, en lo que muchos presumen prevén o pronostican (o ansían) como la peor derrota del equipo nacional en la historia de los Mundiales, cuando se enfrente a Alemania, vigente campeón del orbe.
 
El duelo ante Dinamarca nos arrojó a la cara, nuevamente, la verdad que todos sabemos: no existe un repertorio de jugadores con la capacidad de solventar pruebas de máximo calibre, como lo será una Copa del Mundo.
 
El estratega nacional lo tiene claro, mucho, más allá de la cantaleta de las rotaciones y las 48 alineaciones distintas y demás.
 
¿Es ingenuo seguir creyendo en el barco que comanda Juan Carlos Osorio.
 
Tal vez, pero aquí seguiremos haciéndolo, muy fuerte, y a pesar de todo; que no es todo, pero sí es mucho. Somos la Resistencia. 
 
Tragedia
 
La novela llegó a su fin sin cambios milagrosos en el guion: este lunes, de manera oficial, Matías Almeyda concluye su etapa como director técnico de Chivas.
 
Casi tres años después de su arribo al Rebaño, el Pelado se irá y de la peor manera.
 
En su proceso de despedida poco importaron los cinco títulos obtenidos, la salida del hoyo en que estaban inmersos, peleando la permanencia en el máximo circuito, y las flores hipócritas que, a diestra y siniestra, la directiva se encargó de echarle en cada oportunidad, postulándolo incluso para ser el siguiente mandamás de la Selección Nacional.
 
A pesar de los yerros cometidos, algunos menores y otros que lo dejaron muy mal parado, durante su estancia en la entidad tapatía, Almeyda ganó algo que está al alcance de muy pocos entrenadores en México y el mundo: la confianza y el respeto de sus jugadores y su afición.
 
Tragedia en Guadalajara: los que deben irse, se quedan; y los que deben quedarse, se van. El futbol, como la vida misma. 
 
Miguel Caballero