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Jueves, 01 Marzo 2018 00:27

Anaya a cuentas, pero... ¡La PGR también!

  • twitter: @Olmosarcos

Usar las instituciones de procuración de justicia es poco menos que una insensatez, es atentar contra el propio estado de derecho

¿Quién lo iba a decir? Que aquella ventaneada a Emilio Gamboa y Enrique Peña Nieto utilizando un helicóptero oficial para trasladarse a ‘discutir cuestiones de agenda del Senado’ iba a desencadenar tal cantidad de hechos y sucesos que nos traen hasta la distorsionada posición de la Procuraduría General de la República el día de hoy.

Aquella reunión sería el preludio de la salida de Raúl Cervantes Andrade al frente de la PGR y también sería la punta de lanza para que el peñismo pusiera en su pared de recuerdos una Ley, llamada de Seguridad Interior, que causó alarma no solo en los llamados chairos y opínólogos de todo y nada, sino que llegaría hasta la ONU, CIDH y algunos otros organismos que la repudiaron. 

Tras la salida de Raúl Cervantes, Alberto Elías Beltrán, quedaría al frente de la decadente Procuraduría, que no ha podido convertirse en Fiscalía (por mantenerse acéfala), lo que influiría ciertamente en que Santiago Nieto saliera por la puerta falsa de la Fiscalía Especializada en Delitos Electorales, casualmente en medio de la investigación por el financiamiento ilícito de Odebrecht a la campaña del presidente Peña Nieto y luego de un periodo de tres años, en el que la Fepade se alejó de la subordinación al gobierno y dejó de ser un eslabón débil y falto de autonomía en el gobierno federal. Tanto la salida de Nieto como la aprobación de la LSI, serían fraguadas por una alianza amorfa del calderonismo con la disciplina impoluta del priismo senatorial.

Sin Cervantes al frente, la Procuraduría entraría, de a poco, en una nueva época de obscuridad dando señas del profundo autoritarismo con el que el novopriismo se hizo en el Estado de México y que replicó en el gobierno federal con la ascensión de Peña al poder.

Ya con Elías Beltrán, casos como el del ex gobernador César Duarte Jacques, desfalcos masivos como el de la Estafa Maestra en el que sale embarrado Meade o los impresionantes desvíos en SEDESOL y SEDATU a cargo de Rosario Robles, hallarían el vacío, el olvido y la ubicuidad.

Sin embargo, con el propio Elías Beltrán, llegaría la celeridad y el oportunismo ante un caso en particular, en un momento muy peculiar, con formas extraordinarias nunca antes vistas.

Luego de soltar la bomba sobre Ricardo Anaya (a quién, los modos del peñismo priista no lo eximen de rendir cuentas por sus actos), no les bastó con la faramalla del domingo pasado y las provocaciones, sino que este miércoles por la noche utilizaron recursos públicos para producir un video con sello PGR y audio por separado, que según ‘El Universal’ la propia Procuraduría filtró, y que oportunamente fue distribuido y usado en plena intercampaña, para convenientemente mermar a un adversario con fines electorales.

Y es que, con este panorama legal-electoral en la agenda de la PGR, ya no es necesario que el partido en el gobierno, su candidato, su dirigente nacional, ni alguno de los 80 voceros y medios afines difundan el discurso que alerta por la llegada de Andrés Manuel López Obrador para convertirnos en Venezuela en detrimento del Estado de derecho.

¡El PRI de EPN ya lo hizo! Nos volvieron a una cuasi dictadura, al usar las instituciones de procuración de justicia, y sus aparatos, con fines electorales para aplastar a opositores. Solo Maduro y Peña Nieto hacen eso en América Latina y en medio de la severa crisis en la materia que enfrenta el país, no hay nada más vil y truhan que menoscabar la minúscula credibilidad que aún poseen instituciones como la PGR, en aras de conservar el poder público.

¡Y todavía se quejan del descontento social!

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