Miércoles, 09 Mayo 2018 08:10

Mayorías legislativas, tentación y riesgo

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AMLO estaría logrando aritméticamente las bancadas más fuertes en Senado y Cámara baja

Las mayorías legislativas, aunque sean las simples -mitad más uno-, esas que no pueden realizar por sí solas reformas constitucionales, pero sí cambios en leyes secundarias y tomar decisiones importantes sin cabildear con otras fuerzas políticas, son un riesgo de doble filo, siempre, por más prudente que sea el titular del Poder Ejecutivo en turno y por más madurez que haya en las bancadas del Congreso de la Unión o de los estados.

Esa posibilidad comienza a configurarse en el horizonte del país para después del 1 de julio, si el candidato presidencial de Juntos Haremos Historia (Morena-PT-PES), Andrés Manuel López Obrador, consigue en las urnas superar la línea de entre 40 y 45 por ciento de los votos.

De ese modo, aritméticamente estaría logrando una mayoría legislativa simple en las dos Cámaras del Congreso de la Unión, con las bancadas de los partidos que ahora lo acompañan: Movimiento Regeneración Nacional (Morena), Partido del Trabajo (PT) y Partido Encuentro Social (PES).

En el caso de San Lázaro, la más reciente encuesta de Consulta Mitofsky, pronostica para Morena y sus aliados hasta 262 curules de 500, lo que les daría la mayoría simple natural.

Para el Senado, la empresa Massive Caller da a la alianza Juntos Haremos Historia 61 de 128 escaños.
La mitad más uno de los 500 diputados y los 128 senadores proporcionan a quien habite Los Pinos -o despache en Palacio Nacional- una posición muy cómoda para reformar, sin necesidad de negociación con las otras bancadas, leyes secundarias.
Además, le da ventaja para conseguir las mayorías calificadas, las dos terceras partes de los votos en la Cámara baja y el Senado, que son indispensables para realizar reformas constitucionales.

Esa posibilidad, a la que se está asomando el tabasqueño y sus candidatos a legisladores federales, traería consigo riesgos, tentaciones y ventajas, pues López Obrador controlaría absolutamente el Congreso, salvo para el caso de reformas a la Carta Magna.

De ese modo, por ejemplo, si es que llega a sostener su ventaja y hacerla realidad en las urnas, disponer, con el respaldo de sus legisladores, del Presupuesto de Egresos de la Federación a su antojo.

También realizar cambios en el andamiaje de leyes secundarias, los que en la práctica tienen un mayor e inmediato impacto que las constitucionales.
Ahí aparece el indeseable fantasma del autoritarismo, ese que además tanto se le adjudica en su carácter a Andrés Manuel.

Pero también, podría haber positivos.

El nuevo Presidente contaría con la mayor herramienta de gobernabilidad, que han ansiado muchos desde que, en la segunda mitad del sexenio de Ernesto Zedillo Ponce de León (1994-2000), el Partido Revolucionario Institucional (PRI) perdió la mayoría simple en San Lázaro, esa que llamaban “la aplanadora priísta”.

En Puebla, durante los más de 80 años de priato, el Congreso local fue sumiso al titular del Ejecutivo y esa característica se acentuó, lamentable y contradictoriamente, con la alternancia, a la llegada del morenovallismo.

Las mayorías legislativas, para el caso poblano, no han dejado saldos positivos.

¿Podrá ser distinto en el ámbito federal luego del 1 de julio?

La respuesta llegará con el tiempo, pero el doble filo de estas mayorías es innegable y siembra dudas que deben llevar a la reflexión del voto.

Álvaro Ramírez Velasco