El Blog de Puebla Deportes escribe Antonio Abascal
Un equipo llegó a cuartos de final del Apertura 2025 con una endeble defensiva que en cuanto a números recibió menos que la de un semifinalista, Monterrey, pero Tijuana ya había dado muestras de las dudas que tenía en ese sector y fue incapaz de mantener una ventaja de 3-0 que había construido en su casa en la ida para terminar goleado 5-3 y quedar fuera; en Toluca, el líder llevó el peso de las acciones y no tuvo sobresaltos para mantener la renta que había logrado en Ciudad Juárez al ganar como visitante 2-1 para eliminar a unos Bravos que se contentaron con llegar por primera vez a la liguilla, pero que el sábado nunca pudieron retar a los campeones defensores; de tal manera, la llamada “fiesta grande” del futbol mexicano también vive horas bajas y es otra muestra del estancamiento que sufre el balompié nacional, con pocas oportunidades para los jugadores mexicanos y con varios extranjeros que carecen de un buen nivel.
De los equipos que jugaron el sábado, Tijuana fue el que más jugadores nacionales utilizó con siete, dos de ellos (Gilberto Mora y Ramiro Árciga) menores, Monterrey usó a seis más el naturalizado mexicano Germán Berterame (que nos es hechura del balompié nacional); entre los que menos usaron están Tigres y América con cuatro, pero en el caso de los Coapa habría que agregar a Álvaro Fidalgo.
Cruz Azul sufrió mucho para eliminar a unas Chivas Rayadas del Guadalajara que parecen encontrar el camino con Gabriel Milito como su técnico más allá de la absurda decisión de mandar a tirar el penal que parecía decisivo a Javier Hernández por el mal momento que ha vivido desde su regreso a México y sobre todo porque acababa de ingresar; la Máquina de Nicolás Larcamón, que rompió una racha de diez juegos de liguilla sin ganar con sus equipos, arrancó el duelo con sólo cuatro mexicanos, uno de ellos Andrés Gudiño en la puerta por la grave lesión del colombiano Kevin Mier; de tal manera los espacios para los jugadores mexicanos se han reducido y en algunos casos quienes los ocupan no necesariamente marcan una diferencia comparados a las prestaciones que ofrecen los de casa.
El punto está en que la liguilla no ha elevado la calidad del torneo, como sucedía antaño, lo que permitió justificar este nuevo formato a partir de los setenta en lugar de coronar al equipo que hiciera más puntos. Estamos hablando de que el Apertura 2025 fue bajo en calidad, con escuadras poco competitivas, sin urgencias porque no hay un castigo en forma de descenso; con otras en horas bajas y en proceso de venta, por lo que quedó muy claro que sólo los primeros seis de la tabla tenían un nivel importante. Fíjese cómo se van sumando granitos de arena para explicar el estancamiento que muestra la selección nacional en cada fecha FIFA en un proceso rumbo a un mundial en casa, pero en el que ya han pasado tres técnicos, Diego Cocca, Jaime Lozano y Javier Aguirre, lo que habla de la falta de un verdadero proyecto en la Federación mexicana de futbol.
Proliferación de extranjeros, algunos de ellos de baja calidad como Juan Fedorco en el Puebla o Jackson Porozo de Tijuana, pocas oportunidades para los jugadores jóvenes mexicanos con excepciones contadas, inestabilidad en los banquillos, un sistema de competencia que privilegia la mediocridad pensando en la parte alta y también en la baja de la tabla donde varias directivas han caído en la conformidad al no tener que cumplir con un castigo deportivo por sus malos resultados lo que ha dado pie a historias tan tristes como la del Puebla con una cosecha magra en los últimos torneos, con defensivas que han finalizado entre las más goleadas, sin fuerza como local y prácticamente sentenciado a pagar la multa económica por finalizar en los últimos lugares de la tabla de cocientes; incluso se ha hecho más evidente el quiebre entre las franquicias poderosas y las más desamparadas para generar un ecosistema contaminado en lo que se refiere a la liga mx, donde los jugadores extranjeros son los que aparecen en las posiciones determinantes.
Si a todo ello sumamos la falta de proyecto en la selección nacional para potenciar los intereses que significan injerencia de anunciantes y de la televisora que rige al futbol mexicano, así como jugadores que no necesariamente pasan por su mejor momento y las propias decisiones del timonel en turno, la ecuación se completa y explica el estancamiento del futbol mexicano que parece que se durmió en sus laureles de las siete clasificaciones consecutivas a octavos de final, todas sin poder trascender, y que en lugar de pensar en escalar peldaños se conformó; pero ya hace tres años el futbol le recordó que en el ámbito internacional los conformismos sí son castigados, aunque ni la eliminación en la fase de grupos sirvió para que los directivos aprendieron a la lección, por el contrario, se la pasaron prometiendo mejores, dando bandazos en sus ideas como la creación de la liga sub-23 de la mano con la expansión, a lo que siguió recortar la edad y dejarla en la sub 21; es decir, los hombres de pantalón largo sólo zurcen hoyos o tapan baches, pero no arreglan toda la carpeta asfáltica, porque así protegen sus intereses, pero han estancado al futbol mexicano.
Ese estancamiento se percibe en instituciones como Santos Laguna o Puebla que llevan varias malas temporadas sin que sus respectivas directivas resuelvan la situación; en el caso específico de la Franja no hay rebeldía ante los malos resultados, no hay una intención de enmienda y cada paso que se da es simplemente para mantenerla viva, pero no para cambiar la situación de la franquicia sin presupuesto para refuerzos, pero más grave de ello sin la capacidad en el llamado grupo de inteligencia deportiva para hacerse de más talento. Esto sucede porque pase lo que pase pagar las multas sigue siendo más barato que si se descendiera y entonces se condena a las aficiones de esos equipos a soportar una mediocridad absoluta, pero también se condena a toda la liga a un descenso en la competitividad, en la calidad del producto final, porque, por desgracia, la liga Mx se ha convertido en un show televisivo donde lo que importa es tener partidos cada fin de semana, es decir llenar el tiempo de pantalla, si el juego resulta bueno o malo ya no importa, las televisoras tienen cubierto su espacio y además ganan dinero con los patrocinadores que se siguen retratando tanto que las transmisiones están repletas de menciones comerciales que a veces ocupan momentos destacados de los juegos o visualmente ya no dejan ver la totalidad de la pantalla.
Ese estancamiento también se nota en la selección nacional, nuestro país nunca ha sido una potencia futbolística, pero hubo un momento de crecimiento, hubo un momento de ideas que se llevaron a cabo en selección nacional, hubo intentos de procesos más serios, algunos de los cuales se defendieron como el de Miguel Mejía Barón que le dio su toque a los cimientos que había dejado César Luis Menotti; durante ese tiempo había jugadores de mucha personalidad que no se escondían en los momentos difíciles; como había límite de extranjeros en los clubes las plazas tenían que ser bien utilizadas (lo que no significaba ausencia total de petardos, pero sí exigía un mejor trabajo de análisis) por lo que había espacio para muchos guardametas mexicanos que mostraban sus cualidades; la decisión de la titularidad en la selección nacional fue polémica, pero porque cualquiera de los tres llamados podía hacer bien la tarea; ahora hay serias dudas en el hombre que tendrá la responsabilidad de cuidar la portería mexicana ya que hay pocas alternativas con cancerberos extranjeros en la mayoría de equipos y sin mucha confianza para los nacionales que al primer error son señalados de inmediato.
Ese estancamiento se nota en la falta de personalidad de la mayoría de los seleccionados nacionales que al primer problema se esconden en lugar de pedir la pelota y tratar de ayudar. Javier Aguirre está lejos de ser un técnico revolucionario, pero sus equipos siempre han tenido personalidad, sangre, a esta selección no se le nota eso que sería lo mínimo para una escuadra que en seis meses disputará el mundial en casa, porque en otros aspectos futbolísticos tampoco se ha avanzado en la definición de un estilo de juego, en que el equipo sepa cómo debe jugar. Si comparamos la selección que afrontó el mundial en casa en 1986, la única que ha ganado un juego de eliminación directa en una copa del mundo y que además terminó invicta con tres victorias y dos empates para quedar fuera por la vía de los penales frente a Alemania en cuartos de final, con la actual los hombres que se perfilan para el próximo año salen perdiendo en calidad, pero sobre todo en personalidad, en tener el carácter para tratar de salir de retos complicados y eso tiene que ver con un entorno semanal en el que la competitividad se ha perdido a partir de figuras como la recalificación. De hecho, si revisamos, los que llegaron por esa vía ya quedaron fuera: Tijuana incapaz de hacer buena una renta de 3-0 y viéndose sin recursos ante Tigres y Juárez que cumplió al vivir su primera liguilla en la historia de la franquicia, pero que nunca estuvo cerca de hacerle daño al campeón Toluca.
Si a eso le sumamos la forma en la que se apapacha al jugador actual, al cual no sólo se le paga muy bien (lo que frena su deseo de salir al extranjero para llegar a ligas más exigentes y donde podría aprender más), sino que ahora se le cumplen todos sus caprichos, desde la forma en la que es tratado por la prensa y sus momentos de contacto con las aficiones (cada vez más escasos), lo que significa la creación de una burbuja de constante elogio donde esos jugadores son el centro, entonces se les aleja de la realidad y, por ello, en muchos casos pierden el piso, la ecuación está completa: Una liga poco competitiva que se ha convertido en un show televisivo, jugadores que reciben trato de divas y que se instalan rápidamente en la zona de confort, una selección nacional llena de intereses comerciales donde la parcela deportiva muchas veces queda en un segundo plano, con directivos con algunas buenas ideas que chocan al momento de llegar al alto rendimiento es decir la Liga Mx y la selección nacional presas de esos intereses comerciales y hasta de las televisoras. En México, en ese alto rendimiento el futbol ha dejado de ser un deporte para convertirse en un show televisivo en el que importa el raiting, pero no el desarrollo de los jugadores; importa el tiempo aire, lógica que se nota con el mundial: Si la selección clasifica el negocio está garantizado sin importar que sean tres, cuatro o que se llegue a ese quinto partido que se ha convertido en otro hilo argumental para el show, por encima de un tema aspiracional demasiado corto porque no se habla de meterse al pódium.
Ese es nuestro futbol, una liga estancada que da pie a una selección igual o peor de estancada, sin personalidad, sin ideas, sólo con el argumento de la localía y de la magia del Azteca; nuestro futbol es un show televisivo en el que no se ha coronado al campeón y ya hay equipos “preparando” el Clausura 2026, en el que ya se habla de cambios, contrataciones, en el que se hace leña del árbol caído para conseguir mayor raiting en las mesas de discusión que han perdido argumentos para dar paso a los gritos y a las descalificaciones. El futbol mexicano a nivel profesional ha perdido el foco deportivo para convertirse en un gran show de televisión, donde la calidad es lo último que importa.
@abascal2