La Editorial escrita por Fernando Maldonado
Detrás de la condenable ejecución del presidente municipal de Uruapan, Michoacán, Carlos Alberto Manzo este fin de semana hay un mensaje intrínseco que no debiera ser desatendido por la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo y por ninguno de los gobernadores en funciones en este momento.
La muerte de este personaje que había ganado notoriedad por su llamado a la sociedad y a cuerpos policiacos a abrir fuego en contra de los integrantes de los grupos de delincuencia que operan en diversos puntos de la geografía, hay que subrayarlo, se convirtió en un instrumento de golpeteo a la gestión presidencial y la de el territorio purépecha, Alfredo Ramírez Bedolla.
Quiérase o no, la muerte violenta de un alto perfil en la escena política a manos del crimen organizado abre las puertas a la gobernabilidad por el entendible enojo social que puede ser aprovechado por la oposición que carece de honorabilidad, pero está ávida de regresar al poder, aunque sea mediante métodos carroñeros.