Tres notas sobre la mezquindad

Tres notas sobre la mezquindad
Alejandro Páez Varela
Historias de unos días

Historia de unos días escribe Alejandro Páez Varela 

"'Es una reforma que nadie pidió', dicen. Cuánta mezquindad y qué ceguera más conveniente".

Uno

Es un mundo terrible, el que vivimos. Lo que sucede en Irán es terrible. Lo que sucede en Gaza y en Ucrania es terrible. Las amenazas que suponen las potencias para la paz son terribles. Y en momentos como este, lo que predomina es la mezquindad. Las naciones se alinean con el más fuerte, no con el mejor; los líderes asiáticos, europeos y latinoamericanos buscan agradar al más irresponsable, aunque sea un inmoral y deshonesto, sólo para salvarse ellos. Y los mezquinos saltan en las fuentes y soplan dientes de león en los parques porque es su día, y esperan que vengan días mejores.

Y no hemos visto todo. Por desgracia, no hemos visto todo. Donald Trump es capaz de bombardear Cuba, así como bombardea colegios de niñas en Irán. Y si lo hace será también por mezquindad, porque es mejor asesinar niños en otras naciones a que las noticias en su país se centren en su participación en el mayor escándalo de pederastia de nuestros tiempos: el caso Epstein, en el que está directamente implicado.

Un mundo de mezquindades; de aguas revueltas y de ganancias para los que, si el mundo fuera ético, serían los perdedores. Y México no está ausente de esto. Todo lo contrario. Washington representa un reto tremendo para nosotros; las oleadas de autoritarismo, de fanatismo y de deseos de vernos destruidos nos mojan los pies porque estamos en marea baja. Ya subirá la marea. Ya tendremos que nadar. Pero no podemos ahogarnos. Por nuestros hijos, no podemos ahogarnos.

¿Y saben qué nos salva de la bestia? Debemos sentirnos muy orgullosos porque, ¿saben qué es lo que realmente nos salva? El pueblo mexicano, resiliente, aguantador. Le asusta mucho a las élites la palabra “pueblo”, pero es el pueblo el que salva a México y los salva a ellos, allá arriba. Estados Unidos es profundamente dependiente de la economía que genera el pueblo mexicano; allá y aquí, nuestra resistencia al mundo que vivimos es, en una palabra, el trabajo. Trabajamos como pocos o como nadie. Siempre nos dijeron que éramos unos flojos, y así nos dibujaban aquí y allá. Pero no. Somos un pueblo de trabajo. Allí están los números. Nos hicimos indispensables para la economía de la potencia del norte y ahora el trabajo hace casi imposible que Trump nos destruya, que nos hunda. Sería como amputarse una mano. Sería como arrancarse un pulmón para comérselo en un plato. El pueblo de México se ha salvado a sí mismo, otra vez, de la mejor manera.

Sin embargo, son días de mezquindades. Muchos en México celebraron que la Presidenta Claudia Sheinbaum no fuera invitada a la cumbre de Trump con mandatarios latinoamericanos de ultraderecha. Lo difundían como un agravio y les emocionaba. Cualquiera con tres neuronas sabía perfectamente que México no acudiría a una cumbre de ultraderecha. Y si Trump organiza una cumbre de aliados del Ku Klux Klan tampoco irá México. El Gobierno mexicano se sienta en otra mesa. Una mayoría de los mexicanos (otra vez: el pueblo) decidimos que nos sentáramos en otra mesa. Y por más ridículo que sonaban –en los medios y en la academia y en el Congreso y en los partidos–, festejaban como si fuera un “fracaso” que no nos invitaran a su cumbre. Seguramente querían que Sheinbaum fuera como Javier Milei, que fue a Florida a disculparse por hablar español, porque por más allanado que sea no conoce la lengua de su conquistador.

Qué manera de ser ridículos. Y qué manera de ser mezquinos, abiertamente mezquinos, apostando a que México sea lastimado porque se imaginan que si nos bombardean y si secuestran a la Presidenta y si caen misiles sobre los colegios de nuestros niños, ellos recuperarán sus privilegios. Ciertos periodistas, políticos, empresarios, académicos e intelectuales se imaginan que si Trump quiere, mañana volverá a circular el billete público a sus carteras; que si Trump quiere, volverán las audiencias a Televisa y a TV Azteca; si el Presidente de Estados Unidos quiere, se imaginan, Los Pinos será otra vez el centro de poder y podrán instalarse un bar allí para celebrar las tardes; un bar como el que, todos sabemos, tenían en tiempos de Felipe Calderón.

Es un mundo terrible, el que vivimos. Terrible y mezquino.

Dos

La Diputada del Partido del Trabajo lo dijo: “Es una reforma que nadie pidió”.

Se refería a la Reforma Electoral que todavía no conocía porque fue presentada apenas la semana pasada por el Ejecutivo federal, pero que pensaba que podría afectar a su partido, a ella, a sus dirigentes que han abultado sus ingresos durante décadas con diputaciones y senadurías plurinominales que nadie pidió, y para las que nadie votó. Lo siento: me parece una mezquindad.

El PT, el Partido Verde y sus aliados dentro de Morena plantean que “es un mal momento” para una reforma que busca, uno, recortar 25 por ciento los ingresos de los partidos y, dos, que los candidatos a un cargo de elección popular busquen el voto recorriendo las calles. No quieren que se recorte la millonada que reciben incluso en años sin elecciones, y no quieren pedirle el voto a la gente aunque, en teoría, ocupan cargos para representar a esa gente.

Pongámosle rostro a eso. La Unidad de Datos de SinEmbargo buscó a los más beneficiados con las plurinominales en las últimas décadas y, ¿quiénes creen que lideran la revisión? Primero, por el Partido del Trabajo, Alberto Anaya Gutiérrez. El señor lleva 25 años como pluri. Desde que Carlos Salinas de Gortari y su hermano, Raúl Salinas de Gortari, le fundaron ese partido en 1988, Anaya ha parasitado en la Cámara de Diputados y en el Senado sin descanso. Sin votos de los ciudadanos. Lleva décadas disfrutando staff y salarios y aguinaldos de una de las instituciones más generosas del Estado mexicano. Sin contar lo que recibe su partido, que él maneja desde hace décadas como negocio familiar.

El otro destacado miembro de la lista de parásitos es, cómo no, el Senador del Partido Verde Manuel Velasco Coello. Lleva 13 años como pluri. Fue electo Diputado local en Chiapas, entre 2001 y 2004. Después fue Gobernador. Luego fue Diputado federal de representación proporcional entre 2003 y 2006, y Senador plurinominal de 2018 a 2024, y de 2024 a 2030. Parásito-parásito, como su compañero Arturo Escobar y Vega, que acumula cinco legislaturas, 15 años como pluri. Con tantos privilegios, pues qué padre ser “parte de la Cuarta Transformación”.

“Es una reforma que nadie pidió”, dijo la Diputada del PT y dicen muchos otros, incluyendo algunos adentro de Morena. Perdónenme, pero cuánta mezquindad. Cuánta avaricia. Desde 2018, una mayoría votó contra las élites políticas privilegiadas. Se ha votado dos elecciones presidenciales en contra de los privilegios. Pero Ricardo Monreal opina lo mismo: que con todos los frentes que trae México, “¿quién quiere esa reforma?”. La palabra “pueblo” es de temer para ellos porque, al final, son parte de las élites privilegiadas de México desde hace décadas, pero fue una buena parte del pueblo el que pidió la reforma. Se ofreció al pueblo y el pueblo votó desde 2018 y en 2024 porque hay un tremendo hartazgo por los parásitos como Anaya, Velasco, Escobar, Monreal y todos los que parasitan bajo el acrónimo PRIAN.

¿Una reforma que “nadie” pidió? Claro. Si llegan a esos cargos sin un solo voto, claro que estás acostumbrado a no voltear hacia abajo. Sólo ven hacia arriba. México que le chingue. Ellos a extender la mano; a seguir atrapando salarios, beneficios y privilegios.

Es un mundo terrible, el que vivimos. Terrible y mezquino.

Tres

El razonamiento es: México trae tantos frentes (es cierto) y el mundo es tan terrible (que lo es) que meterse a una Reforma Electoral es un despropósito. Pues esa lógica es infame. Es como decirle al Ejército mexicano: sí, ya localizaste a Nemesio Oseguera, no vayas por él porque hay muchos frentes y se van a abrir otros; deja que se vaya. Como si esas decisiones no tuvieran consecuencias. Como si “El Mencho” se fuera a su casa y ya, y no hubiera muertos y desaparecidos. Como si mantener las plurinominales no fuera una traición a lo que se ofreció, o como si los miles de millones de los partidos políticos vinieran de una maquinita de billetes y no saliera del bolsillo de todos los ciudadanos.

El mundo es terrible y se va a poner peor. Y quienes deberían ser más solidarios con las batallas que se libran desde el Gobierno de México están en la coalición de izquierdas. Televisa empezó a promocionar las causas de Ricardo Salinas Pliego, ¿qué no se han dado cuenta? Los poderes más oscuros se congregan para tratar de debilitar al Gobierno de Claudia Sheinbaum porque si cae el apoyo popular, entonces pueden hacer lo que quieran con México.

Que el mundo sea terrible y mezquino no es excusa para dejar de hacer. Todo lo contrario: justo porque el mundo es terrible, porque Trump odia a México, porque Sheinbaum tiene que lidiar con la mayor amenaza en un siglo, no debe congelarse la agenda inmediata y no debe darse la espalda a las promesas que se le hicieron a los mexicanos. Si no, la izquierda se convierte en un Felipe Calderón: da lecciones sobre crimen organizado desde Madrid, pero cuando fue Presidente ensangrentó México; o es como una persona cualquiera que se forma en instituciones públicas y luego, desde una vida privilegiada en Nueva York (gracias a que lo educó el Estado mexicano) se queja porque las citas en el IMSS no son ágiles o se tardan, según dicen, porque esa persona no lo sabe. O es como alguien se queja de la obesidad, pero ha vivido de defender a Coca Cola y a otras industrias iguales o peores.

La congruencia no es para días sí y días no. Me parece que es allí donde se equivocan PT y Verde y Calderón y los que viven en Nueva York tan preocupados por lo que pasa en el IMSS o los que han disfrutado por años los negocios con Coca Cola, pero se quejan por la obesidad. Son tiempos donde brillan los mezquinos. Ahora debemos aprender a llamarlos así: mezquinos.

 

@paezvarela