El Blog de Puebla Deportes escribe Antonio Abascal
Hoy que la franja se destiñe, hoy que el Puebla es la penúltima ofensiva del torneo, hoy que carece de un delantero que genere respeto entre las defensas rivales, conviene recordar que no siempre fue así. Hoy que un delantero con destellos en equipos importantes es apodado “Búfalo”, conviene recordar al delantero que llenó por completo las características de esa figura basada en la naturaleza: Poblaba las planicies de toda Norteamérica, desde el norte de México, interior de Estados Unidos y Canadá, en grandes manadas, encontrándose desde el Gran Lago del Esclavo hasta el desierto de Chihuahua, y desde el este de Oregón hasta los Apalaches. En referencia a esta especie, el término “búfalo”, que data de 1635, tiene más historia que el concepto "bisonte", registrado en 1774, tienen un pelaje de color marrón oscuro durante el invierno, y uno más liviano de color marrón claro durante el verano. Llegan a medir hasta 1,60 m de alto y 3 m de largo, y pesan de 450 a 1350 kg.
Carlos Alberto Poblete Jofre llegó al futbol mexicano por la vía del Puebla para la campaña 86-87 (la más larga de la historia con 21 equipos y 42 partidos de temporada regular), procedente de la Universidad de Chile, la “U”, luego de que la selección chilena, que buscaba rejuvenecerse tras no clasificar a México 86, jugó una gira por distintas partes del mundo donde ganó un torneo cuya final fue contra Japón y donde Poblete fue el campeón goleador; el cierre de la gira fue un cuadrangular en Los Ángeles contra Bulgaria, el Corinthians de Brasil y la selección mexicana, el duelo contra el equipo tricolor de Bora Milutinovic acabó en bronca y el andino fue expulsado, justamente cuando le habían comentado que había interés del futbol mexicano para hacerse con sus servicios. Recuerda que ese partid se quedó en la banca por un dolor en la espalda y que fue muy ríspido por lo que las bancas se reclamaban entre ellas, cuando ingresó al campo: “se va un compañero solo y Pablo le hace un penal, pero clarísimo y no lo marcan y yo tenía cerca al árbitro y me le voy y lo agarré y roja, dos minutos después del cambio contra México”.
El apodo surgió en la U por medio del utilero: “Cotorreaba a los jóvenes, intentaba bajarnos, levanta la cabeza, un jugador con clase debe levantar la cabeza, tú corres como Búfalo en estampida”, decía y de ahí se fue quedando. Su llegada al Puebla se dio por la vía del promotor Carlos Hurtado que acordó todo con la U de Chile por sesenta mil dólares y el contacto fue Roberto Hodge quien lo llevó a la ciudad de México donde el Puebla estaba jugando un torneo amistoso en semana santa, ya que el campeonato corto, “México 86” había finalizado en febrero para dar paso a la preparación de la selección rumbo al mundial. Su llegada se dio en medio de una cena donde empezó a conocer a sus compañeros y de inmediato vivió la distinta forma de las concentraciones entre Chile y México: “Empezamos a comer y yo de Chile comía menos de lo que comía la gente en México por lo menos dentro del futbol y aquí empiezan a traer entradas, sopas y comían pan, comían tortilla, después venía el postre (una lámina con miel) y en ese hotel tenían unas banderillas muy buenas porque era español, para chopearlas con el café”.
Su contratación generó mucha expectativa en Puebla, el equipo venía de tres clasificaciones consecutivas a liguilla, bajo la dirección del uruguayo Hugo Fernández, cuartos de final en la 84-85 eliminado por el líder Pumas; en el Prode 85 fue líder, pero cayó en semifinales frente al Tampico Madero de Carlos Reinoso y en el México 86 se quedó en cuartos al perder 4-3 global con las Chivas Rayadas del Guadalajara; la contratación de Poblete parecía llenar el hueco en la delantera para buscar el protagonismo, pero esa primera campaña fue compleja, pese a que en la fecha uno hizo un gol al Necaxa en un 3-1 donde el chileno marcó al minuto 87, sin embargo, la relación con el estratega no fue la mejor, tuvo que ir a la banca, no volvió a marcar hasta la segunda vuelta donde tomó cierto ritmo, incluso con un gol en la liguilla en la ida de los cuartos de final ante el América que finalizó con empate a dos, para ir al Azteca a ganar 2-1 con los tantos de Arturo Álvarez y Gustavo Moscoso, pero en semifinales cayó por doble 2-0 ante las Chivas de Alberto Guerra que a la postre se coronaron campeonas.
Fue una campaña decepcionante para el chileno que luego vio como lo mandaban al otro equipo de la ciudad, el Ángeles que también era del gobierno del estado, bajo las órdenes de José Antonio Roca (qepd): “Una semana antes del debut, debutábamos contra Morelia, tuve un trancazo en el Zaragoza en un partido amistoso que me tuvo tres días hospitalizado, me dieron un cabezazo en la sien y caí inconsciente y acabé en la Bene, muy jodido, entonces me perdí los cuatro primeros partidos del torneo y nos metieron goleadas en los primeros partidos, 5-0, un desastre”. Tras la salida de José Antonio Roca, Juan Alvarado (campeón como jugador con el Puebla) se hizo cargo del equipo y logró una salvación in extremis, gracias a los veinte goles de Poblete que ahí explotó en el futbol mexicano; esos veinte tantos fueron claves para que la franquicia se vendiera a Torreón para crear al Santos Laguna, mientras que el Puebla también cambió de directiva con los empresarios Arturo Migoya y Emilio Maurer, entre otros.
Don Emilio pidió expresamente el regreso de Carlos Poblete al Puebla para armar un cuadro muy competitivo que dirigió el chileno Pedro García. Esa campaña, el equipo de la Franja fue súper líder y colocó a dos de sus jugadores, Jorge Aravena y Carlos Poblete, en la lucha por el campeonato de goleo que al final se quedó Sergio Lira del Tampico Madero. El goleador andino aprendió que podía ir al rebote de los tiros de media distancia de Aravena y además se benefició del juego de los extremos, Gustavo Moscoso y Paúl Moreno, que esa campaña brillaron intensamente, pero una liguilla por grupos a round robin, las lesiones de Oscar Rojas en la central y en plena liguilla de Marcelino Bernal, así como decisiones controvertidas de Pedro García como colocar al propio “Búfalo” como defensa central lastraron al Puebla que se quedó fuera en un sector donde el América acabó como líder para ir a la gran final en la que se enfrentó al Cruz Azul que superó al Atlante que había sido segundo lugar de la temporada regular; fue una eliminación muy dolorosa que generó cambio en la dirección técnica con el regreso de Manolo Lapuente y varias contrataciones para fortalecer al equipo con la única idea de ser campeón.
Lejos de la espectacularidad de la 88-89, pero con un manejo sabio por parte de Lapuente Díaz ese equipo pasó a la historia del futbol mexicano al ganar la liga y la copa y recibir el mote de “campeonísimo”, en la final de copa hizo uno de sus goles más recordados cuando aprovechó un tiro de Aravena que había repelido al travesaño Hugo Salazar para lanzarse de palomita y poner en la pelea al Puebla ya que en la ida había perdido 2-0, al tirarse para rematar recibió una patada de Aarón Gamal quien buscaba despejar, pero se encontró con la cabeza del chileno quien se levantó y empezó a festejar antes de tocarse la cabeza para darse cuenta que sangraba; en la fase regular de la liga fueron 16 goles de Poblete, pero siempre puntual a la cita en los partidos importantes hizo dos goles en la vuelta ante los Pumas en CU para dejarlos fuera tras la vibrante semifinal en el Cuauhtémoc que había finalizado 4-4 y en la final se hizo presente tanto en la ida como en la vuelta.
Si cada gol es una historia de pasión de los aficionados, para el protagonista lo es más: “Creo que son de esos momentos, puta lo hemos visto tantas veces, meto el gol Toño y te lo platica todo el mundo pero el acordarte yo me pongo la piel chinita porque sí estaba contento, estábamos ganando, estábamos casi listos pero yo no había metido gol y siempre el goleador quiere meter goles y ya había metido uno en la final de ida, el partido estaba tenso y el haber metido ese gol, a pesar de que nos metieron un gol después, el haber metido ese gol era el campeonato y yo tenía en el palco 11 a mi señora esperando a tu primer hijo a punto de nacer y a mis papás, fue el clímax, el momento más feliz que viví”.
Fue un gol que demostró todas las cualidades de Carlos Poblete como jugador: Potente, con mayor velocidad de la que se suponía al ver su complexión, fuerza, oportunismo y contundencia, cualidades que le hacían brillar en México. Una vez que la pelota sobrepasó la línea de gol, Poblete corrió a una banda, se hincó y gesticuló con los brazos, no sólo era el gol de la puntilla, era el gol de la consagración para un jugador que llegó muy joven a México y que desde el primer momento despertó expectativas muy grandes pero cuyo primer año fue muy duro, justo en ese instante de festejo, Poblete pasaba por uno de sus mejores momentos profesionales y personales, próximo a convertirse en padre, por ello, vio imágenes de sus inicios como jugador, de su paso por la querida “U” (Universidad de Chile), su llegada a Puebla, su primer año lleno de conflictos, el cambio al Ángeles, el regreso a la Franja, la gran campaña bajo el mando de Pedro García, el cambio táctico que lo mandó a la defensa central en un Puebla vs América, la confianza de Manolo Lapuente, los momentos duros de la campaña regular de la 89-90, el gol con patada a la cabeza incluida, en la final de copa y el éxtasis de conseguir el gol que mataba a los Leones Negros.
Poblete vivió un idilio con la afición poblana a pesar de una campaña, la 90-91, donde sólo anotó tres goles a pesar de jugar todos los partidos; pero en la 91-92 ya sin tantas figuras, Poblete fue el alma del equipo y más que nunca hizo honor a su mote, porque cuando lo lanzaban en largo parecía que por su corpulencia no iba a llegar, pero, al contrario, se hacía con el balón y generaba peligro como una estampida. Cuando se habla de Poblete se puede hacer uso de las estadísticas, hablar de los goles que marcó, de esa semifinal contra Necaxa en la que anotó tres goles y tuvo que ponerse de portero por la expulsión de Pablo Larios (qepd), pero en realidad el legado del Búfalo va más allá de datos, se trata de pasión por el futbol, de su protagonismo, de amor a unos colores, de cariño recíproco entre afición y jugador, se trata de compromiso, entrega, calidad; cada página, incluso los momentos difíciles, hablan de un hombre que entró con esa fuerza de búfalo en la historia del Puebla de la Franja. Un hombre que se quedó a vivir en Puebla y que afortunadamente hace algunos días salió bien de un procedimiento quirúrgico para evitar un daño mayor; no se trata de estadísticas, se trata de emociones y ahí Poblete escribió un legado único entre los afortunados que lo vimos jugar.
Ante el abaratamiento de la palabra “leyenda”, Carlos Alberto Poblete escribió una de las principales leyendas camoteras. Sus goles iluminaron una ciudad que crecía y se abría a la modernidad, sus goles salvaron al segundo equipo de la Angelópolis y permitieron que la franquicia se vendiera bien a Torreón para después explotar en la escuadra de tradición. Su legado es una historia de superación, una historia de fuerza y valentía, una historia digna de un búfalo, pero uno muy especial: “El Búfalo del área”, “El Búfalo de Puebla”.
@abascal2