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Machomenos escribe Israel León O’Farrill
Palabras clave: machismo, masturbación, erotismo, deseo, imaginación, salud.
Quizás habrás escuchado del movimiento “NoFap”, creado en Estados Unidos y que busca que los jóvenes, principalmente, dejen de masturbarse -en especial con pornografía- pues, ello afecta su masculinidad y virilidad. De acuerdo con David J. Ley en su artículo “El Movimiento NoFap” publicado en el portal de PsychologyToday, no “hay nada nuevo en lo que postulan. En el siglo XVIII, un médico suizo llamado Tissot promovió la idea de que la masturbación era una enfermedad clínica, que debilitaba el espíritu masculino y creaba inmoralidad y mala salud.
Los médicos estadounidenses siguieron esta idea por mucho tiempo, incluyendo a Benjamin Rush, quien creía que la masturbación provocaba ceguera, y W.K. Kellogg quien inventó los Corn Flakes como parte de una campaña antimasturbación. (…) Los avances en medicina sexual del siglo pasado nos dicen que la masturbación es muy saludable, las personas que se masturban más, en promedio, tienen relaciones más saludables, viven más, saben más sobre sus propios cuerpos y tienen mejores vidas sexuales”. En efecto, no hay nada de malo en la masturbación y este movimiento responde principalmente a cuestiones religiosas y, hasta cierto punto, es absorbido por la “machósfera” actual.
“El argumento más reciente del movimiento NoFap -continúa Ley- es que el porno está causando disfunción eréctil. Este es un asunto complejo porque fue hasta décadas recientes que empezamos a aprender acerca de la disfunción eréctil y empezamos a entender que es bastante común, incluso entre hombres jóvenes. Entre los hombres jóvenes, las causas suelen ser los efectos de medicamentos, la ansiedad, los cigarrillos, las drogas, la obesidad, y la falta de experiencia sexual”. Pero ¿es mala la masturbación en sí misma? No y más porque puede formar parte de algo mucho más importante: la apropiación de tu cuerpo.
En un interesante artículo, resultado de un estudio esencialmente cuantitativo denominado “Apropiación del cuerpo: autoerotismo y machismo sexual” publicado en La ventana revista de estudios de género (2021) y realizado por Mariana Gabriela Vilet Carvajal y Jaime Sebastián F. Galán Jiménez, se afirma que la separación del placer de temas de sexualidad, ha generado “una entramada discursiva que a través de los mandatos de género, en particular el de la mujer ha sido negado como espacio de placer autoerótico, como si el acceso al cuerpo propio se encontrara forzado a obtener satisfacción sólo si ésta proviene de un otro (heteronormado) y el autoerotismo resulta un elemento crucial emancipatorio y de transformación de los cautiverios que socialmente se han generado, como consecuencia de los estereotipos de género”.
Para ellos, “el autoerotismo, para esta investigación, se presenta como posibilidad autogestionada de placer individual, que comprende fantasías, sueños, exploraciones, excitación, deseo y libertad, posibilidad de satisfacción mental o física que no necesariamente proviene de un estímulo externo y no se reduce a la masturbación, también puede estar enlazada al narcisismo y actividades que provienen de un placer autónomo”. De acuerdo con lo anterior, tal autoerotismo no necesariamente conlleva la masturbación, pero sí la exploración, la imaginación y el placer individual.
Es el abrazar un mundo de posibilidades desde ti para ti mismo, pero que puede ser compartido por otros de forma consensuada. De acuerdo con ellos, el autoerotismo es “un espacio que emancipa y permite que una persona se libere de los mandatos de género y se apropie de su cuerpo, desafiando aquellos de virilidad y potencia, y a su vez la de pasividad y abnegación”.
Vilet y Galán después de conducir encuestas -metodología detallada en el artículo- encontraron que “del total de la muestra, solamente el 67.15% afirmó buscar placer en el propio cuerpo, un 71.12% reconoce masturbarse y 60.65% ve a su propio cuerpo como origen de placer. Casi un 20% acepta desconocer qué hacer para darse placer a sí mismos. El 23% evita tocarse y cerca de 10% cree que la única forma de conseguir un orgasmo es mediante una relación sexual. Por último, un 30% no disfruta tener sueños eróticos”.
En general, siguiendo este estudio, podemos identificar que una buena mayoría de la gente encuestada -hombres y mujeres- acepta masturbarse. Sin embargo, encontraron una “relación positiva entre el autoerotismo y el machismo sexual, sin embargo, la asociación es baja y podría considerarse que responde a los mandatos de género masculinos de virilidad y potencia sexual”. Esto se ve relacionado también con la búsqueda de más parejas y tener relaciones sexuales siempre que se pueda, aunque no se desee en realidad.
Esto tiene que ver con ser el “macho alfa que cumple”. Al finalizar el estudio, Vilet y Galán afirman la importancia de “promover el conocimiento y la aceptación del cuerpo propio”, vía el autoerotismo y alcanzar lo que ellos denominan la gaudibilidad, que “es la posibilidad de disfrute, que no se limita a lo sexual, ni a lo autoerótico, sino a la posibilidad de obtener satisfacción en diferentes situaciones”. Dicha satisfacción, relacionada con el disfrute, con el placer, puede pasar por el erotismo, aunque no solamente y, puede ser con uno mismo.
Y como lo afirma Ley, puede no solamente ser algo totalmente normal, sino traer beneficios a la salud sexual y en otros ámbitos, como el sueño, el combate al estrés, e incluso, la salud prostática. De hecho, aunque controversialmente todavía, se ha sugerido que la masturbación puede reducir algunos factores de riesgo del cáncer prostático, como se sugiere en este reportaje de Gaceta UNAM Global. En conclusión: ni te vas a quedar ciego por masturbarte copiosamente, ni provoca enfermedades y, bien llevado, puede ayudar al conocimiento de tu cuerpo, a explorar tu erotismo -y si es con alguien más, es más sabroso- y, por supuesto, a ser más pleno y feliz.
Y algo muy importante: tanto derecho tienes tú de tocarte, como lo tienen todas las otras expresiones genéricas que existen. Nadie debe ser satanizado por ejercer su sexualidad siempre y cuando no dañe a otros.
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