Vendedores de espejos en torno a Celis Romero

Vendedores de espejos en torno a Celis Romero
Fernando Maldonado
Miguel Ángel Celis Romero El Animal Parabólica

Parabolica.MX escribe Fernando Maldonado

En la política mexicana hay personajes que viven de una mercancía muy peculiar: la cercanía que dicen tener con el poder. No ocupan cargos, no tienen nombramiento y no forman parte de la estructura del gobierno, pero se presentan como si así́ fuera.

Tres nombres han comenzado a circular en conversaciones políticas, alcaldías y oficinas donde se discuten problemas legales delicados: Carlos Talavera, Carlos Mata y José́ Luis Ruiz Simiano.

Quienes han tenido contacto con ellos describen un patrón que se repite: llegan presentándose como emisarios e influencia real dentro del gobierno estatal. A veces dicen hablar en nombre del gobernador Alejandro Armenta, otras presumen tener línea directa con el secretario de gobernación, Samuel Aguilar Pala.

Sus credenciales: fotografías en eventos públicos o reuniones partidistas donde aparecen cerca de figuras de Morena. Más allá de esa cercanía visual, lo que ofrecen es otra cosa: construir la narrativa de influencia, insinuar que un problema jurídico podría escalar y finalmente ofrecer una “solución rápida”. El método no es nuevo; vive del miedo, de la incertidumbre institucional y de la desesperación de quienes enfrentan conflictos legales.

En ese contexto aparece con especial fuerza el nombre de José Luis Ruiz Simiano. De acuerdo con distintas versiones que circulan en ambientes políticos y jurídicos, Ruiz Simiano se presenta como enviado del gobernador y afirma reportar directamente al secretario de Gobernación. Asegura que existe indicación política para “ayudar” a Miguel Ángel Celis Romero, conocido en el ambiente empresarial y político como “El Animal”.

Lo delicado no es solo la cercanía que presume, sino los espacios donde asegura actuar en esa supuesta representación. Recientemente se presentó en el penal de San Miguel sugiriendo que existe respaldo político en torno al caso, e incluso, ha intentado proyectar esa misma influencia en entornos relacionados con el Poder Judicial.

¿Saben que alguien se presenta en un centro penitenciario y en espacios vinculados al aparato judicial diciendo actuar en nombre del mandatario?

Cuando alguien presume instrucciones directas del titular del Ejecutivo, el asunto deja de ser anecdótico: se vuelve institucionalmente delicado.

Todo esto ocurre alrededor de Miguel Ángel Celis Romero. Tras su paso por el penal de Tehuacán y los señalamientos de privilegios durante su estancia, su traslado al penal de San Miguel cambió el tablero: mayor control y vigilancia; y menos margen de maniobra.

Es precisamente en ese momento cuando empiezan a aparecer operadores que presumen influencias. En ese circuito también aparece el nombre de Carlos Tress Ogazón, quien en distintos espacios se presenta como representante o asesor cercano del “Animal” y funge como enlace con el exterior.

El problema es que, según múltiples versiones del entorno político, es precisamente a través de ese conducto como comienzan a acercarse estos personajes que prometen mover expedientes, resolver problemas jurídicos en tiempo récord y activar supuestas relaciones dentro del gobierno.

Mientras tanto, el expediente sigue su curso normal en los tribunales y la realidad jurídica es más simple: la contraparte únicamente está defendiendo sus derechos frente a las acusaciones que el propio Miguel Ángel Celis Romero decidió iniciar. Hoy enfrenta las consecuencias legales de decisiones que él mismo puso en marcha, al tiempo que intenta desconocer una realidad conocida en el ámbito empresarial poblano: que su hermano era su socio en partes iguales y que antes de fallecer donó esas acciones a su hijo.

Dentro del penal el contraste también resulta revelador. Tress Ogazón acude a visitarlo prácticamente un día sí y otro también, mientras que quien aparece todos los días es su madre, que llega para llevarle comida caliente. Sin embargo, incluso en prisión “el Animal” parece haber encontrado la forma de reproducir viejas prácticas: privilegios y prebendas que no todos los internos tienen, producto de sobornos y arreglos informales dentro del sistema penitenciario.

El resultado es una escena peculiar: mientras su familia lo acompaña con discreción, Celis Romero parece preferir gastar recursos rodeándose de operadores con expedientes cuestionables, supuestos emisarios del poder y personajes que presumen influencias que nadie dentro del propio gobierno confirma. Es una señal simple: alguien está vendiendo accesos que no existen y que otro está paga por hacer creer que sí existen.

 

@FerMaldonadoMX