WiFi público: El cebo perfecto para robo de contraseñas

WiFi público: El cebo perfecto para robo de contraseñas
Carlos Miguel Ramos Linares
Ecosistema digital

Ecosistema digital escribe Carlos Miguel Ramos Linares

En la era de la hiperconectividad, donde la inmediatez se ha convertido en un derecho inalienable, el acceso gratuito a internet parece un regalo. ¿Por qué desperdiciar datos móviles cuando podemos conectar nuestros dispositivos a cualquier red abierta que encontremos en cafeterías, aeropuertos o plazas públicas? Sin embargo, en este afán de economizar megas, olvidamos que la gratuidad en el mundo digital casi siempre tiene un precio: nuestra seguridad.

El Instituto Nacional de Ciberseguridad de España (Incibe) ha advertido sobre los peligros de estas conexiones. No es paranoia, es sentido común. Las redes WiFi abiertas no son un servicio desinteresado; muchas veces son trampas disfrazadas. Ciberdelincuentes aprovechan la ingenuidad de los usuarios para interceptar información personal, desde credenciales bancarias hasta datos privados que pueden ser utilizados para fraude, extorsión o robo de identidad.

El problema radica en que seguimos viendo el WiFi público como un recurso inocuo, cuando en realidad es un canal de acceso directo a nuestros dispositivos. Basta con que un teléfono se conecte automáticamente a una red insegura para quedar expuesto a ataques silenciosos. La posibilidad de que un atacante intercepte contraseñas o instale malware en nuestro celular sin que nos demos cuenta es real y frecuente.

A pesar de las advertencias, muchos usuarios siguen sin tomar medidas preventivas. No basta con evitar transacciones bancarias en redes públicas; la simple conexión ya supone un riesgo. Desactivar el WiFi cuando estamos fuera de casa, utilizar redes privadas virtuales (VPN) y habilitar la autenticación en dos pasos (2FA) son acciones básicas que pueden marcar la diferencia entre un usuario prevenido y una víctima más del cibercrimen.

La alfabetización es clave para evitar caer en estas trampas. Si bien las campañas de concienciación han aumentado, la realidad es que la mayoría de los usuarios siguen priorizando la comodidad sobre la seguridad. Un ejemplo claro es la cantidad de personas que, pese a las advertencias, siguen compartiendo datos personales en redes sociales sin medir las consecuencias.

Además, los ciberdelincuentes han evolucionado junto con la tecnología. Ya no basta con evitar redes abiertas, también es fundamental estar atentos a las llamadas "redes gemelas", aquellas que imitan las conexiones legítimas de cafeterías, aeropuertos y centros comerciales para engañar a los usuarios. La única manera de minimizar los riesgos es adoptar hábitos de seguridad cibernética, como verificar siempre el nombre de la red con el personal del establecimiento y evitar ingresar información sensible mientras se está conectado.

En última instancia, el problema de fondo es la percepción errónea de que la ciberseguridad es un tema exclusivo de expertos o empresas. No podemos seguir viendo la seguridad digital como un lujo o una opción. Cada usuario es responsable de proteger su información, y la mejor defensa es la prevención. Porque en un mundo donde los datos son la moneda de cambio, la mejor inversión es aprender a protegerlos.

@cm_ramoslinares