Máscaras escribe Jesús Olmos
Para el año que viene se cumplirán 20 años desde la irrupción de la violencia en la vida cotidiana de las y los mexicanos.
No es que el fenómeno brotara de la nada como generación espontánea y se incrustara la zozobra como el moho en los hogares del país, el tema tiene sus raíces, sus causas y sus porqués.
En 2026, se cumplirán también 20 años de la llegada de Felipe Calderón a la presidencia, guste o no el análisis, pero en ningún sexenio se ha dado un brinco tan grande en los indicadores de homicidios dolosos, como en el del último panista que gobernó este país.
También ha quedado muy en claro su ofensiva disfrazada de estrategia de seguridad contra los grupos de la delincuencia, que fue falsa, que en lugar de rendir resultados exterminó por igual a inocentes que a criminales, y que quien dispuso como principal mando de seguridad en el país, terminó colaborando con los propios narcos.
En 9 meses, este país, alcanzará ya dos décadas desde que se comenzó a ver los convoyes del Ejército, la Marina y las policías de los tres órdenes de Gobierno patrullar por igual las calles repletas de vida nocturna, que los barrios con mayores carencias o los clústers mas exclusivos, porque si algo nos ha enseñado este clima de incertidumbre constante, es que la violencia no respeta ninguna condición social, estrato, ingresos, color de piel, forma de vida o profesión, entre muchos otros indicadores.
Lo que afirmo en este texto es que, con estos 20 larguísimos años de idas y venidas, de momentos de muy alta tensión, de tragedias y sangre de muchos compatriotas, han terminado por marcar a toda una generación.
Con la misma rapidez con que evolucionan muchas cosas, la sociedad ha dejado de ver el espacio público como un sito de apropiación y pasó a verlo como un sitio del que hay que cuidarse.
En 4 lustros, han transcurrido 4 cambios de Gobierno presidencial, dos de ellos (lo que equivale a doce años) gobernador por partidos de la derecha y ya serán 8 bajo el mandato de la izquierda, una de as grandes constantes ha sido que todos las tocar la silla y detentar el poder, han justificado con sus propias falacias sus carencias.
Hablamos de que en este tiempo se han firmado pactos para callar a la prensa sobre el clima de violencia, los mismos que firmaron los pactos, han llevado este tipo de información a las primeras planas de sus espacios noticiosos y luego se han vuelto a callar, haciendo del quehacer cotidiano del comunicador -que no periodista- un circulo vicioso de ignominia.
Usted puede reflexionar a su modo, lo que se encontraba haciendo hace veinte años. Si es usted muy joven, quizás no había nacido o apenas daba sus primeros pasos, ya cursaba la escuela o se paseaba por la secundaria o preparatoria como todo un adolescente. Iniciaba la universidad o la vida en familia o era un adulto a cargo de una gigantesca suma de responsabilidades. Pero lo que es indudable es que ha cambiado su realidad todos los días, mientras que la del país, se ha mantenido con una acción casi inerte de las autoridades, mientras muchas preguntas seguirán estando incontestables en el aire.
@Olmosarcos_