Lunes, 27 Mayo 2024 22:30

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Machomenos escribe Israel León O’Farrill 

Palabras clave: machismo, política, discriminación, género, feminismo

¿En verdad México, país ultra machista y orgulloso de serlo, se encuentra preparado para tener a una mujer al mando? Pues todo parece indicar que sí y, si los pronósticos son ciertos, alguna de las dos candidatas punteras lo logrará. Además, como vemos en diversos ejercicios estadísticos, una buena parte de las y los ciudadanos está de acuerdo con que los gobierne una mujer. Según una encuesta publicada en El Economista en marzo pasado y realizada por Mitofsky, un 66 % de los encuestados en ese ejercicio está de acuerdo con que una mujer asuma el cargo. Por tanto, es justo aseverar que esa afirmación de que no se proponía a una mujer para la máxima responsabilidad de este país porque México no estaba listo, es una falacia. En cuanto a equidad de género se refiere, esta elección es ya un parteaguas. Sin embargo, es necesario puntualizar varios aspectos. El patriarcado y el machismo se encuentran impregnados en todas las actividades que realizamos y la política no es la excepción. La lucha de las mujeres por ganar terreno en lo político y lo social ha sido larga y compleja y engañosamente podríamos pensar que con la llegada de Gálvez o Sheinbaum la causa feminista ha triunfado. En buena medida es un logro mayúsculo que tengamos esas candidaturas; pero vale la pena preguntarnos ¿qué tan machistas han sido estas mujeres y muchas otras para poder destacarse en un mundo creado por y para los hombres?

Sí, aunque suene contradictorio, una mujer perfectamente puede encarnar el machismo más rastrero y vil, llevándose de paso las causas feministas. Esto pasa con alarmante frecuencia el día de hoy en que surgen mujeres, generalmente vinculadas a movimientos religiosos, que abogan por el derecho a la vida, que ven en las prácticas heteronormadas lo correcto y que esperan ansiosas ser rescatadas por un príncipe azul que pueda proveerles todo lo necesario, que les ponga casa, comida y sustento y que las llene de hijos. Muchas mujeres como las que comento tienen lugares importantes en partidos políticos y movimientos de derecha y ultraderecha en el mundo, como el PAN o el Yunque en México y el Partido Popular y Vox, en España. De hecho, ya por representar los valores de familia y muchas otras máximas conservadoras, ya porque en realidad era un auténtico macho haciendo política, Margaret Thatcher gobernó con mano dura durante varios años Gran Bretaña (1979- 1990). ¿Qué tanto se espera eso de la mujer que asuma el mando en nuestro país?

En este sentido, nuestra machopolítica ha ocupado numerosas estrategias para desestimar a las políticas mujeres. Una de ellas es atribuirles habilidades e inteligencia inferiores a los hombres; esto viene acompañado de la idea de que por tener que hacerse cargo del hogar y del cuidado de los hijos, ellas no pueden tomar los cargos públicos con el tiempo y la seriedad debidos. Otra estrategia, y que va en relación con la anterior, es la de desacreditarlas argumentando que son malas madres o mujeres irresponsables por dedicar más tiempo a la política que a su familia; esto va de la mano con tildarlas de mujeres frívolas y desalmadas. La última versión que tuvimos de este tipo de descalificación fue recientemente protagonizada por una mujer: en el segundo debate para la presidencia del país, Xóchitl Gálvez arremetió contra Claudia Sheinbaum y la calificó de ser una mujer “fría y sin corazón” echándole encima el caso del colegio Rébsamen. De acuerdo con un análisis realizado por Viri Ríos para el diario El País, tal descalificación “apela a lo que el experto en psicología social David Smith, de la Universidad John Hopkins, llama ‘evaluaciones estereotípicas’. Es decir, a la tendencia a evaluar el profesionalismo de las mujeres con base en atributos que tradicionalmente se consideran femeninos como la generosidad, la calidez y la cordialidad. Y a castigar duramente a las mujeres que presentan características que solo son socialmente aceptables en los hombres como la asertividad, la competitividad y la ecuanimidad”. Como se ve, Gálvez jugó una carta machista para desprestigiar a la candidata oficial. De hecho, la expresión “tener huevos”, frase que busca calificar la valentía de una persona, respalda estos ataques, es decir, Gálvez “tuvo los huevos para decirle en su cara” tal o cual acusación a Sheinbaum… vaya representación más macha de la política. Me recuerda al bajísimo “La Vestida” de Fox a Labastida para desprestigiarlo al calificarlo de ser sospechosamente homosexual. Dicho sea de paso, esos debates han servido para propiciar una lucha de lodo -en la que Gálvez constantemente ha querido meter a la morenista- para el disfrute de la comunidad macha de nuestro país. “Así, llamar frías a las mujeres que buscan acceder al poder en México -dice Ríos- es el último y más potente de los insultos. Implica que la mujer en cuestión fracasa en realizar la principal labor que le ha asignado la sociedad: el cuidado y el amor al prójimo por encima de sí misma”.

Sin embargo, la cosa no se queda ahí, sino que se extiende al ejercicio del poder. Muchas mujeres asumen actitudes machistas a la hora de gobernar, en ocasiones igual o peores que las de los machos que las precedieron. Una cosa que me impactó sobre manera fue ver cómo para controlar y reprimir posteriormente una marcha feminista, tan virulentas como se dan ahora, la entonces Jefa de Gobierno de la CDMX, Claudia Sheinbaum, envió un destacamento de mujeres de la Policía Capitalina: enfrentar a mujeres con mujeres, estrategia que quizá ni al más macho de los machos se les hubiera ocurrido. El dilema que se puede adivinar es ¿cómo enfrentar situaciones como esas?, ¿como macho o como mujer? Y ¿cómo es una mujer en la política, es decir, qué características debiera tener si, desafortunadamente, como hemos dicho, ellas están trágicamente estructuradas por el patriarcado? En fin, estas elecciones son cruciales pues marcarán el avance del país en muchas agendas y la de género será una de ellas; sin embargo, también pueden representar retrocesos enormes si cualquiera de las dos mujeres que puede llegar a ocupar el cargo máximo del país decide hacerlo a la macha. El tiempo dirá.    

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